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Opinión | CALIGRAFÍA

Puente a Saturno

Vivo con dos grandes dudas esta semana. Una es si ya existe un consenso generacional sobre el momento en el que no está mal visto comerse las sobras del menú infantil que se ha pedido para los niños. ¿Cuánto tiempo debe pasar para considerar que han abandonado las lagrimitas de pollo y puede ya reivindicarlas un mayor? La otra es más bien una estupefacción que tengo hoy, martes 3, en el momento de escribir esta columna. El presidente Sánchez ha anunciado en Dubái que tiene cinco medidas contra el tecnofeudalismo-esto es menos inquietante que lo digan Zizek y Varoufakis que un presidente del gobierno-. Prohibición de las redes sociales a menores de 16 años (¿cómo verán los menores de 16 el TikTok de los ministros?) , responsabilidad directa de los directivos, establecimiento de una «huella de odio y polariza-ción»-tremendo-, ingreso de España en la «Coalición de los Dispuestos Digitales», etc.

También ha sacado al sufrido Ministerio Fiscal, que supongo que se echará a temblar íntimamente cuando presencia estas cosas. Regular esto a mí me parece como jurista lo que le parecería a un ingeniero que le anunciaran un puente de Córdoba a Saturno. ¿Un control de edad eficaz? Será un incordio menor para los chavales y un desastre para la gente mayor. ¿Quién decide, en fin, lo que es el odio o la verdad en un gobierno? El alegre bandolerismo del discurso, invocando los derechos ciudadanos para dar glorioso zarpazo a las libertades individuales-siempre nos quitan libertad por nuestro bien, si se fijan-, causa más congoja por la ignorancia que por la intención. Casi. Otra duda. Un menor de 16, sin móvil, ¿cómo entra a instagram?

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