Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Salud mental

Cuenta conmigo

Paso a diario, cada mañana, por delante de un local que antes de la pandemia de covid alojó un par de meses un colmado de productos ecológicos. Aparentemente cerrado desde entonces, tiene grandes ventanales y, pese a su apariencia, todavía de establecimiento, con mostrador incluso, nunca hay nadie dentro, no se ve actividad, de ningún tipo. Hace días, mientras paseábamos a Turrón, el nuevo miembro de nuestra familia, un perro a cuya madre envenenaron y al que decidimos adoptar, con dos meses, a mediados del pasado diciembre, L., más observadora que yo, se fijó en que habían colocado, en uno de los ventanales del antiguo colmado ecológico, un cartel escrito a mano en el que podía leerse «Consultoría en salud mental y resolución de conflictos», seguido de un teléfono para contactar por WhatsApp. Otra en mi lugar quizá hubiera metido ese número en su móvil y se hubiera puesto en contacto con quienquiera que sea el responsable de ese anuncio para averiguar en qué consiste tan peculiar negocio -siento el término, pero es lo que es, lo mismo que el sector editorial es una industria, por mucho que la mona se vista de seda-. Pero no soy otra, qué más quisiera a veces, y mi mente se quedó paralizada por las palabras del cartel, esa «consultoría» que, según el diccionario, es la «actividad del consultor», una «empresa consultora» o un «despacho o local donde trabaja el consultor», todas definiciones alejadas de la salud mental como yo la concibo, y en especial la última expresión, «resolución de conflictos», tan vacua y, sin embargo, contenedora de todo, en lo micro y en lo macro, hasta de la política exterior que en este oscuro comienzo de año nos tiene tan abrumados. He padecido una enfermedad mental grave que hay épocas en las que se revuelve contra la conjugación verbal que empleo para hablar y escribir de ella, el pretérito, tan liberador, y se empeña en hacerse presente. He recibido tratamiento de la mano de especialistas, psicólogos y psiquiatras. Y es evidente que, como cualquiera que no tenga su vida resuelta, me enfrento a conflictos, personales, profesionales, que trato de solucionar. Pero no me imagino acudiendo al antiguo colmado ecológico a pedir ayuda o consejo, ni siquiera biscotes integrales con lino. Respeto, no obstante, a quien lo haga, quiera hacerlo, lo necesite, faltaría más, aunque el término consultoría asociado a la salud mental me sobrecoja y aterre casi tanto como la capacidad de odiar de algunas personas, ilimitada y destructiva. La salud, también la mental, es un derecho (artículo 43 de la Constitución Española), no un negocio. Ese mismo día, el del descubrimiento del cartel en el antiguo colmado ecológico, un amigo me pidió ayuda en algo que no es un conflicto que deba resolver, pero sí le importa, que es la medida más mesurada de los asuntos vitales. Cuenta conmigo, le dije, a lo que él respondió con una frase con la que borró de mi atribulada mente el efecto causado por el dichoso anuncio: Creo que es difícil que haya dos palabras en el diccionario que, juntas, funcionen mejor. Así es, pensé. Cuenta conmigo. No las hay. Luego busqué en Spotify la preciosa Ain’t No Mountain High Enough en las voces de Marvin Gaye y Tammi Terrell y me puse a escucharla.

*Periodista y escritora

Tracking Pixel Contents