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Opinión | Reflexiones desde el oeste

Combatir el odio

En un contexto en el que las plataformas digitales y los algoritmos priorizan la atracción por encima del bienestar común, los mensajes de odio, la desinformación y las narrativas polarizantes encuentran un terreno fértil para crecer. Sin embargo, existe un contrapeso, no solo moral sino también social, que merece ser ampliamente promovido: los buenos mensajes, las historias de empatía, solidaridad y «verdad» que fortalecen la cohesión social y erosionan el impulso de la hostilidad.

Numerosos estudios muestran que la confianza, ya sea interpersonal, en instituciones o en la información que consumimos, es un factor determinante para la salud de nuestras democracias y relaciones sociales. Cuando las sociedades poseen mayores niveles de confianza generalizada tienden a exhibir más cooperación, mejores vínculos comunitarios y mayor apertura hacia los demás, aspectos esenciales para la convivencia pacífica.

En contraste, la desconfianza alimenta la división y la hostilidad. Niveles bajos de confianza social se asocian con actitudes de exclusión, desconexión de lo público y un repliegue hacia posturas defensivas o extremistas. Por ello es fundamental no solo denunciar el odio, sino sustituirlo activamente con narrativas que inspiran y conectan, con hechos verificables y con testimonios que refuercen nuestra confianza compartida en el otro.

La contrapropaganda basada en la empatía y la información veraz ha demostrado ser una herramienta eficaz contra el discurso de odio. En vez de responder con más agresividad, se propone ofrecer alternativas que desarmen las narrativas negativas mediante la presentación de hechos, la empatía hacia las personas afectadas y el reconocimiento de las contradicciones en los discursos dañinos.

Además, investigaciones más recientes han destacado que seguir cuentas de medios de comunicación e información verificables en redes sociales puede incrementar tanto la precisión de las creencias de los usuarios como su confianza en la prensa y en la información pública, lo que contribuye a romper las burbujas de desinformación que los algoritmos generan a menudo. Este hallazgo es un recordatorio de que no todo uso de la tecnología digital es perjudicial: cuando se usa de forma crítica y consciente, puede ser un poderoso aliado para difundir historias de bien y conocimiento fiable.

Combatir el odio no es solo tarea de expertos o plataformas: la ciudadanía tiene un rol fundamental. Compartir buenas historias, apoyar a quienes promueven el diálogo y hacer uso activo de los mecanismos de participación fortalece la justicia social y la cohesión democrática. Reivindicar y ejercitar estos canales de participación es una forma concreta de transformar nuestra sociedad desde la justicia, el respeto y la solidaridad.

En definitiva, hay otra forma de denuncia: la denuncia desde la información y las buenas palabras. Al propagar mensajes que inspiren empatía, valor y confianza, cada persona se convierte en contrafuerza frente a los extremismos y contribuye a construir un espacio público más justo, informado y humano. Contra el ruido del odio, la fuerza tranquila de lo común.

*Abogada

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