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Opinión | La cafetera de Aspasia

Azules

Todos percibimos que el azul es un color muy plural. En realidad, bajo esta palabra se amparan multitud de azules: cian, de Prusia, turquesa, ultramar, cobalto, índigo… etcétera. Posiblemente, fue el primer pigmento artificial de la historia que usamos los pintores y ha sido fundamental para transmitir calma, frialdad, quietud o soledad.

Sin duda, el pasado domingo 18 de enero, todo se volvió un poco más frío, más azul. Al día siguiente, al hacer el trayecto Córdoba-Sevilla en tren lanzadera, me sorprendió la estación vacía, la tristeza de los empleados de Renfe, pero -sobre todo- el encontrarme al entrar en el vagón a una chica joven mirando con angustia el plano de emergencias del mismo.

Cuando has estado cogiendo esos trenes durante casi treinta años, cada dos o tres días, no te pueden mentir. Desde hace un par de años pasan cosas que nunca habían pasado. La dejadez del sistema ha sido evidente. Mucho cambiar pantallas o reordenar el acceso a vías, pero en cada trayecto hay imprevistos. Ir a trabajar en tren últimamente es entrar en una lotería por la que no sabes a qué hora vas a llegar a tu destino y, ahora, si vas a llegar viva.

Cuando viajas en tren y finalizas el trayecto los viajeros no aplaudimos al maquinista. No ocurre como en el avión, que lo tomas asumiendo el enorme riesgo y la fragilidad del traslado. Hay cosas que, en un tren, no se contemplan, es así de simple.

Si se confirma la causa como un pésimo mantenimiento, estaremos ante otra barbaridad de desgobierno. Como votante progresista de izquierdas, personalmente, me avergüenzan. Creo que no nos merecemos un equipo semejante. ¿De dónde han salido? Lamentablemente, sabemos la respuesta.

Tampoco me gustó ver al líder de la oposición haciendo una comparecencia pública tras su visita al puesto de mando en Adamuz. La situación ya estaba siendo respondida con eficacia por sus compañeros, tanto de la Junta de Andalucía como de la alcaldía de Córdoba. Él no aportaba nada en ese momento, nada más que cierto oportunismo, a mi entender.

Sólo ha faltado para terminar de dejarme ojiplática el ver a la vicepresidenta del gobierno el pasado sábado en los premios de cine Feroz, tan divina, a menos de una semana del desastre, con un vestido y fular a juego color ‘azul noche’, un modelo celebrado en multitud de artículos. Creo que el respeto se dinamita con ese tipo de decisiones. Para ‘azul noche’, el azul que invadió (hasta mutar al negro) la pasada noche en Adamuz. Eso sí que es un azul para no olvidar: azul asesino, azul cabreo, azul luto. Ese azul que se les ha quedado adherido a los familiares de la tragedia para el resto de su vida.

Se pongan la ropa que se pongan.

*Artista y catedrática de Universidad

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