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Opinión | Tribuna abierta

Abrazos de Ladis con El Cordobés por testigo

Solo les faltó salir a hombros; pero aquello no era una plaza de toros, sino un antiguo convento mercedario transformado en palacio de la Diputación. Un marco incomparable para rendir reconocimiento a dos figuras: al reportero gráfico Ladislao Rodríguez Galán, ‘Ladis’, y al torero Manuel Benítez ‘El Cordobés’. Qué buena idea ha tenido Ladis al reunir en un acto dos aniversarios memorables.

El primero, los 80 años de la firma fotográfica Ladis, desde que su recordado padre Ladislao Rodríguez Benítez se dedicara a perpetuar imágenes de la actualidad cordobesa en 1946 y él le ayudara desde 1960 y le sucediera después, unificados por su popular y común nombre de batalla, Ladis, una institución periodística en Córdoba, como lo fuera Ricardo. Y ahí están sus valiosos archivos para ilustrar la historia de la ciudad.

Conocí a distancia a Ladis padre a mediados de los años cincuenta, cuando mi tío Antonio López me traía desde Montilla en un taxi a ver partidos del Córdoba CF en el viejo Arcángel, y desde la grada le veía moverse, cámara en ristre, con una agilidad impropia de su limitación física, causada por un desgraciado y fortuito accidente, adversidad que afrontó con valentía y espíritu de superación. Aquella admiración en la distancia de un estadio creció cuando le conocí y traté a mediados de los sesenta, cuya simpatía, buen humor y dinamismo me cautivaron, cualidades que heredó con creces desde su temprana dedicación a la fotografía periodística Ladis-Hijo, como firmaba al principio.

El otro aniversario memorable celebrado con ligera antelación en la Diputación son los 90 años que el 4 de mayo cumplirá Manuel Benítez, así que los 80 de la firma Ladis y los 90 de El Cordobés se anudan en una exposición que refleja las trayectorias y la amistad que ambos maestros se profesan, pues los dos Ladis han sido la sombra del torero para captarle los mejores momentos de su vida en las plazas de toros y en otros ambientes taurinos y sociales, como queda patente en la exposición. El acto de su presentación, con breves discursos de Andrés Lorite, muy institucional; Ladis, siempre ameno y oportuno, reivindicando que en el monumento a Séneca costeado por el torero se haga constar en el pedestal; Manuel Benítez, ocurrente y en perfecta forma física a sus cercanos 90; José María Bellido, exaltador de la proyección universal de un torero que lleva a Córdoba en su apodo artístico, y Salvador Fuentes, colofón iluminado por su afecto a un paisano de Palma.

Pero el acto mereció un espacio más digno que un pasillo de la planta alta con la masa de asistentes de pie y los protagonistas casi invisibles por falta, al menos, de una tarima, descuidos que desde luego no empañan el significado ni la emoción del momento. El Cordobés, en olor de multitud, regalando su franca y contagiosa sonrisa a cuantos le pidieron posar, porque ya con los móviles todos somos fotógrafos. Y Ladis, con su inseparable Ana junto a la silla de ruedas, como resucitado tras la travesía del desierto de su maldito ictus, abrazándonos a todos al borde de las lágrimas. Esos abrazos emocionados y sin reservas fueron sin duda lo mejor de la noche, querido Ladis. ¡Y adelante siempre!

*Periodista

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