Opinión | No ni na
Sin palabras
Politizar, en su sentido etimológico, implica compartir con la ciudad, con la polis, con los ciudadanos. Con la colectividad. Y es lo menos que todos le debemos a los familiares de las decenas de personas muertas en el gravísimo accidente ferroviario de Adamuz, a las que están desaparecidas, que nos tiene a todos traumatizados. Una explicación pública, independiente, comprensible, documentada y coherente de lo ocurrido. Responsabilidades penales estrictas, si las hubiere, y datos precisos de qué ha fallado -en lo micro y lo macro- en el menor tiempo posible, sin los filtros partidistas habituales. Porque es evidente que hay cosas que han funcionado muy muy mal. Con efectos catastróficos.
Es evidente que quien se ha comportado en el pasado como fustigador de otros, con acusaciones directas de asesinato inducido desde la actividad pública, se encuentra ahora en una posición bien jorobada. La vida moderna no aconseja el camino estoico de la mesura, de los juicios ponderados, sino el de la hipérbole de regate corto. Moreno mata, decían ayer quienes hoy defienden que Puente no tiene por qué saber de soldaduras. Bueno es saberlo. Estas cosas son grandes identificadores de líderes morales que alquilan sus servicios. Venir a estas alturas con el lírico bailable tras haberse dedicado con fruición a la gasolina es para hacérselo mirar. En resumen: hay que ser muy hipócrita.
No hay que equivocarse. El relato de la buena voluntad del pueblo, las inspiradoras historias que llegan de la buena gente de Adamuz, no puede ser un paliativo de la verdad cruda ni del marcaje directo al poder. Los que tengan memoria de hechos luctuosos similares recordarán que el sistema tiende a proteger sus intereses, a sortear las exigencias y a culpar, precisamente, a quien no tiene culpa de nada. A pleitos interminables que llevan a injusticias. Al sistemático abandono de las víctimas en cuanto se apagan las brasas de la indignación. A no repensar un sistema, el de las infraestructuras ferroviarias, que lleva tiempo dando síntomas severos de que algo no funciona.
Como de trenes no sé nada, me van a permitir que no tenga gran cosa que decir más allá que enviar el afecto profundo, la mayor de la solidaridad, a quien sufre estas horas de mierda. A agradecer a quien está dedicando su esfuerzo al operativo de respuesta. Hay veces que quedarse sin palabras es lo correcto porque todo lo se diga, sobra. Sí que esto que ha ocurrido es gravísimo y que le debemos una explicación a las familias de las víctimas, a los heridos, a quien no sabe aún qué es de los suyos. Qué menos que politicemos, pero bien, y que se extraigan las conclusiones precisas para que este desastre solo vuelva a ocurrir por el desenlace trágico de una azarosa, lejana, improbable y fatal casualidad. De esas que, a veces, ocurren en la vida.
*Periodista
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