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Opinión | Punto y coma

De nuevo el tren

No es la primera vez que hablo sobre trenes en esta columna. En ocasiones, lo he hecho para relatar vivencias agradables a bordo de un convoy; en otras, para utilizar este romántico medio de transporte como metáfora del viaje hacia el progreso. Asimismo, el 8 de agosto de 2025 titulé mi artículo ‘Asuntos de trenes’, donde enumeraba algunos de los numerosos problemas que surgían a diario en las líneas férreas de distintos puntos de España.

En aquel tiempo, decía que, a pesar de que se había estado asegurando durante años que se proyectaría una nueva infraestructura de AVE entre Sevilla y Huelva, «los onubenses ya se han cansado de esperar y tampoco creen nada». Desgraciadamente, bastantes familias de Huelva lloran hoy porque, aunque la vía AVE sigue sin llegar a su ciudad, algunos de sus seres queridos han encontrado el final en una zona del recorrido que, a priori, no debería haberles dado problemas. Es cierto que el carácter fortuito del hecho de vivir siempre está ahí y, por ello, los accidentes se producen, pero es muy difícil no pensar en todos los incidentes que se han ido sucediendo durante mucho tiempo casi de forma ininterrumpida. Hoy el transporte ferroviario de nuestro país es sinónimo de catástrofe y lo ocurrido derivará en un miedo perfectamente comprensible.

A pesar de todo, me gustaría volver a viajar en tren sin temor a que sobrevenga lo peor. El AVE me condujo varias veces desde Córdoba a Madrid, cuando los sueños de adolescencia y juventud se materializaban en la capital, cuando parecía un milagro recorrer 400 kilómetros en menos de dos horas y cuando lo único que preocupaba era llegar al destino sin dejar a medias el capítulo de un libro. Ahora, las vidas de muchas personas se han quedado a medias.

*Lingüista

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