Opinión | Al paso
Triste ley y triste cadáver
A río revuelto, ganancia de pescadores. Bueno, sin metáfora de por medio, ganancia de desalmados. Todos estamos viendo que la lacra de la violencia no cesa. Desde que la principal mártir del cambio en las leyes fue quemada viva, como fue la pobre Ana Orantes, las tragedias diarias no terminan. Por eso, policía y juzgados no tienen reparo en incoar rápidamente lo más mínimo que se denuncie por parte de una mujer, aunque parezca que a veces se matan mosquitos a cañonazos y una simple amenaza de boquilla hace que se detenga al hombre; da igual eso porque nunca se sabe cuándo viene la desgracia y a la vez, la denuncia efectiva y rapidísima actúa como prevención de esas conductas. Pero claro, ante estas inmediatas garantías, malnacidos que interpretan la política como trampolín de poder y dinero, aprovechan el tirón procesal de la violencia de género para beneficiarse. Hemos visto cómo se ha denunciado por maltrato a varias personas con cargos públicos por parte de partidos políticos contrarios. Pero lo vomitivo es que estas denuncias no pensaban en proteger a víctimas, no tenían en su mente heroica el recuerdo de Orantes ni luchaban por romper los techos de cristal o dar apoyo a esas chiquillas. No. Muy al contrario, utilizan la favorable cobertura judicial para hundir al adversario, que ante semejante sospecha punitiva tiene condena social inmediata que en pocos días hundirá su carrera y, por ende, a su partido en las urnas. Y las denuncias falsas entran en estrategias electorales utilizando a las mujeres como si fueran objetos exactamente que se las utiliza en los clubes de alterne. Y si luego sale absuelto ¡qué más da! Porque el mal electoral es inmediato sin esperar el juicio de veracidad. Fíjense en el caso del alcalde de Algeciras, que después de masacrarlo popularmente ahora resulta que la fiscalía del Supremo (que no se caracteriza por ser del PP) no ve indicios de delito alguno. Pero es que leo que al Sr. Salazar, del PSOE, también se le ha archivado. Esto tiene que terminar, no se puede frivolizar así sobre el sufrimiento real para beneficio pecuniario de la política rastrera. Yo propongo que cuando se denuncia por Violencia de Género y luego no haya datos suficientes para seguir adelante y se sobresea o incluso resulte sentencia absolutoria, siempre se deduzca testimonio por la posible comisión de delito de denuncia falsa; a ver si así se echan para atrás esta porquería de políticos. La democracia no puede seguir ajena a que denunciar falsamente salga totalmente gratis. Hay que comprobar, por respeto no solo al que tanto ha sufrido una denuncia falsa con demasiados indicios de haberla interpuesto para hundirlo socialmente, sino también por respeto a todas aquellas mujeres maltratadas que mientras sufren calvarios reales tienen que consentir que su sufrimiento sea utilizado para beneficio del poder político. Pero además propongo que el delito de denuncia falsa en el ámbito de violencia de género sea más duramente penado. Esta elevación de pena concienciará a no denunciar falsamente, lo mismo que la denuncia por violencia de genero conciencia a no maltratar a las mujeres. Me pregunto qué pensaré Ana Orantes desde el cielo cuando ve que representantes políticos acusan falsamente a un rival para conseguir ganar elecciones a costa de una ley que provocó su cadáver carbonizado.
*Abogado
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