Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Hoy

Querida hija

Querida hija: Estamos bien. Fue sólo un instante: chocaron los dos trenes, te dimos otro beso, sonreímos y llegamos a la vida donde vivimos siempre. Un guardia civil te recogió; es el ángel de la guarda que te hemos enviado. No te preocupes por nosotros, porque nosotros seguimos contigo aquí en el cielo, en la pura eternidad de nuestro Padre y la dulce eternidad de nuestro amor, de los besos que nos dimos, los abrazos con que nos cobijamos, la felicidad de todas las palabras de ternura que nos regalamos, palabras y miradas con que nos hablamos y nos susurramos. Aquí ya no perdemos nunca la alegría de nuestros recuerdos: el momento en que naciste, cuando tomabas el pecho de mamá, cuando diste los primeros pasos, y tus zapatitos, y tus dos primeros dientecillos en la luz de tu sonrisa y de tus travesuras. Paseamos contigo tardes de la más bella primavera. Te mandamos en nubes blancas nuestros rostros. Te dejamos corazones de rosas que nunca se marchitan, porque entre nosotros existirá siempre amor y sólo amor. No tengas miedo, hija mía; estamos siempre en ti, aunque tus pensamientos en esa otra orilla te llenen de zozobras. Pero no estás sola nunca; vamos a tu lado, te cubrimos con los sentimientos de vida que aprendimos contigo; te sostenemos; acunamos todos tus sueños. No desfallezcas, porque tú también le darás la vida a otros; te esperan en el camino; les enseñarás a sonreír y les aliviarás la soledad. Y, sobre todo, no odies; deja que el camino se encargue de los violentos y los mentirosos. ¡Ánimo, hija mía! Te abrimos nuestras manos desde nuestra orilla. No ha pasado nada, porque seguimos en el mismo amor. Ama la luz y ama la verdad, porque a ese mundo jamás llega la muerte.

*Escritor

Tracking Pixel Contents