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Opinión | El alegato

CIAF / Expediente 08/2026

Transcurridas pocas horas desde la tragedia de los trenes en Adamuz que ha tenido a media España y a toda Córdoba despiertos, no han parado de surgir de la nada expertos en vías férreas, construcción de catenarias e «ingenieros de vías, trochas y veredas».

Conforme a lo precedente, la investigación del accidente, la instrucción judicial, las conclusiones forenses y resto de periciales, ¿para qué? Si ya he podido leer en redes sociales sentencias condenatorias contra los maquinistas de los respectivos trenes, contra los inspectores de infraestructuras, contra el partido de gobierno y contra el de la oposición.

Desde que empezaron a transmitirse las primeras imágenes del accidente no pude evitar que mi memoria me transportara al salón de una casa en la Calle Arroyo de San Lorenzo de Córdoba hace más de cincuenta años. Acababa de acontecer un descarrilamiento de tren y entre los fallecidos estaba el dueño de la vivienda. Su viuda -que aún no tenía certeza de serlo-, sus tres niños pequeños y todos los presentes estábamos pendientes de las noticias que aquel televisor con imágenes en blanco y negro ofrecía del suceso. Los vecinos del barrio pasaban por aquella casa dando consuelo y compañía a la familia de la víctima.

Las escenas televisadas de la noche del pasado 18 de enero no tenían más color que aquellas. Desde que comenzaron las noticias a sucederse con cuentagotas, se me fueron tornando cada vez más grises. Eran una réplica de aquella noche de hacía más de medio siglo y presentía que no iban a ser menos dolorosas.

Una diferencia entre ese suceso que viví en mi infancia en primera persona, por conocer a la familia de un fallecido en él y este que me ha tocado conocer por noticias, aunque sucedido en mi tierra: de aquel día no tengo más que el recuerdo de llantos de los familiares y palabras de consuelo de los amigos y vecinos. Del accidente de Adamuz solo voy a recordar comentarios de gente insensible, morbosa, que están utilizando tan desgraciado suceso para ataques directos de índole política.

A todos ellos digo: a la madre de cualquier afectado por ese suceso, en estas horas, le importa bien poco quién haya sido el culpable -caso de que lo haya-, solo quisiera haber sido ella la que ocupase el asiento de ese tren y no su hijo.

Gracias al pueblo de Adamuz y a todos los profesionales cordobeses que acudieron al accidente. Es triste que esta desgracia haya ocurrido, pero un consuelo saber que muchos cordobeses siguen sabiendo acompañar y ayudar sin protagonismos y sin hacer apología de la desgracia ajena.

Un abrazo a las familias y un beso al cielo.

*Abogada experta en Derecho del Trabajo y Seguridad Social

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