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Opinión | Violencia machista

Iglesias, Ayuso y el feminismo

Caza de brujas, inquisición, feminismo ‘woke’, denuncias falsas, presunción, linchamiento... Da igual las veces que se conozca un caso de violencia sexual o acoso por un famoso, que siempre aparece en las tertulias el ‘pack’ completo que cuestiona la violencia machista. Ha ocurrido de nuevo con el caso de Julio Iglesias.

Directa el grano: no es caza de brujas, es el derecho de las mujeres a denunciar. No es inquisición, es Estado de derecho. No es feminismo ‘woke’, son derechos humanos de las mujeres. No hay denuncia falsa, hay denuncia legítima. No hay falta de presunción, hay garantía judicial. No hay linchamiento, hay búsqueda de justicia. Es curioso que este síntoma a algunos tertulianos no les pasara con Errejón, Ábalos, Koldo o Salazar, a quienes condenaron ya sin sentencia, pero en cambio todo sean «peros» cuando es Julio Iglesias, Plácido Domingo u otros.

De todo lo que hemos tenido que soportar esta semana, habrá que guardar en la hemeroteca el tuit de Isabel Díaz Ayuso, porque la vida da muchas vueltas. Y hay que comentarlo porque ese mensaje tuvo muchos «Me gusta». Ayuso dijo: «Las mujeres violadas y atacadas están en Irán con el silencio cómplice de la ultraizquierda. La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias».

Centrémonos en la primera parte porque tiene el relato de la batalla cultural que llevaba días antes ya en redes sociales (y en algunas líderes del PP, como Cayetana Álvarez de Toledo). Los negacionistas de la violencia machista y pregoneros de las denuncias falsas se hacen solo feministas de milagro, cuando se trata de las mujeres de Irán.

Habrá que decirle a Ayuso que las mujeres son violadas y atacadas en Madrid, en España, en Irán, en Gaza, en Argentina, en China, en Afganistán y en todos los rincones del mundo porque existe el patriarcado. Aún más con dictaduras o genocidios.

Habrá que decirle a Ayuso que si busca feministas luchadoras en regímenes represivos las tiene en España, muchas de ellas en cunetas, rapadas a las que daban aceite de ricino o las que recibían en sus pezones o genitales descargas eléctricas durante la Guerra Civil y el franquismo. A esas nunca las reconoce.

Habrá que decirle a Ayuso (y a sus seguidores) que cuando las mujeres de Irán consigan algún día que ningún Estado las obligue a llevar velo, nos tendrá que explicar cómo reaccionarán cuando pidan otros derechos plenos, como el aborto. Más que nada, cuando ella misma dificulta los derechos de las mujeres a abortar en la Comunidad de Madrid y se niega a cumplir la ley.

Si tanto le preocupan las mujeres puede empezar por, al menos, mostrar en redes solidaridad con cada asesinada, o bien con atender las demandas de las trabajadoras de la red de atención de víctimas de violencia de género de Madrid. Y de paso, dejar de usar a las víctimas para conseguir su minuto de gloria del día. Porque al desprestigio de los artistas no contribuyen las mujeres, algunos se valen por sí solos.

*Profesora de la UOC y periodista

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