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Opinión | Escenario

Cambio de imagen

Tengo un par de amigos que me mantienen informada de las noticias que creen que pueden interesarme, especialmente de las gastronómicas; son muchos años escribiendo sobre este tema en cualquiera de sus vertientes. Hace unos días me llegó el enlace vía watsapp: «El jamón cambia de imagen». ¿El jamón también? -pensé- e inmediatamente se me disparó la imaginación. ¿Le pintarían la pezuña de rojo o de violeta? ¿Lo adornarían -por fin- con esas famosas chorreras que, ordinariamente, solemos colocarle? No estaría mal con sus volantitos de encaje y sus puntillitas o su golilla -como usaban antiguamente los ministros togados y demás curiales- con un lazo grande arriba y otros más pequeños dispuestos sucesivamente, con la etiqueta negra, roja, verde o blanca colgando al final, haciéndonos olvidar lo estrictamente animal y primitivo de su origen. Sí que he visto en varias ocasiones la pezuña cubierta con un gorrito de cocinero recortado en papel... ¿Consistiría el cambio de imagen en sacarle grasa de alguna parte e infiltrársela en otra? En los seres humanos la lipotransferencia consiste en un trasvase de grasa entre los glúteos y otra parte del cuerpo o al revés. ¿Sería viable -económicamente hablando- este tejemaneje en un cerdo?

Todas estas elucubraciones quedaron en agua de borrajas cuando continué leyendo la noticia y comprendí que se refería a los supermercados El Jamón, que hasta la semana pasada seguían ostentando en la puerta el nombre de Piedra. Y que el cambio de imagen -interior y exterior- se ejecutaría en el plazo de un mes. Me pudo la curiosidad y, como mis paseos con Kira son obligatorios, me acerqué al que está cerca de mi casa y dio la casualidad de que en ese preciso momento acababan de quitar el antiguo rótulo y estaban colocando el nuevo. Les deseo suerte como empresa y sobre todo les agradezco -como cordobesa y usuaria- que mantengan en nómina a toda su plantilla de empleados a los que, en lo que respecta a esta tienda en particular, conozco y aprecio desde hace años.

Dejando atrás mis elucubraciones sobre el jamón y el cerdo, pero reflexionando sobre los cambios de imagen, por lo que he visto en algunos programas de televisión dedicados a ello, incluyen corte de pelo -con flequillo o sin él- cambio de color y peinado, maquillaje personalizado -sombra aquí y sombra allá- y renovación de armario -ropa, zapatos y accesorios-. No entro en las operaciones de estética que, mereciéndome el máximo respeto, clasifico por sus resultados en buenas y malas. Ya saben a qué me refiero. Algunas veces es mejor aplicar aquello del chiste: ¡Virgencita, que me quede como estoy!

*Académica

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