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Opinión | El lápiz de la luna

El miedo

Mi abuela y mi madre (ahora también yo) solían decir que «el mundo está echado a perder». Lo hacían (y lo hago) tras exhalar un suspiro y apoyar las manos cruzadas sobre el regazo. Porque en todas las épocas ha habido vientos a favor y en contra. Lo que no se esperaba mi abuela, una mujer que vivió la guerra, ni mi madre, niña de la posguerra, es que su descendencia podría repetir la historia. Nunca he creído en conspiraciones. No creo que la Tierra sea plana, ni que el 5G nos controle o que nos estén envenenado los aviones que dejan estelas en el cielo, algo con lo que me entretenía mucho de niña al descifrar a qué se parecía el rastro que dejaban a su paso. Tampoco creo que con la vacuna del coronavirus nos introdujeran un chip y jamás se me ocurrió pasarme una cuchara (como escuché a tanta gente decir) para demostrar que se quedaba pegada debido a lo que nos habían inoculado. Podría seguir con otras tantas cosas que veo, escucho y leo a diario, pero es que ninguna me quita el sueño. ¿Ignorante? Pues miren, quizá, y, en ocasiones, bendita ignorancia. En lo que sí creo firmemente es en la maldad del ser humano, en su ambición mal enfocada y en el hambre de poder que tienen muchos de esos a los que se supone que debemos llamar líderes.

Tras el covid vino la guerra de Ucrania mientras la extrema derecha avanzaba con paso firme. Trump, contra todo pronóstico, volvió a ser elegido presidente de EE UU y, oigan, los cuatro años de barbecho le sirvieron para resurgir con más vehemencia. Acaba de invadir Venezuela y ha puesto fin a la dictadura de Maduro a la vez que planea invadir Groenlandia y asesina a sangre fría a inmigrantes. Muy democrático todo. En España tenemos un presidente al que solo le preocupa salir guapo en las fotos y que está rodeado de puteros corruptos. Además de una oposición que pretende devolvernos al franquismo y una crisis de la vivienda que está dejando una estampa de cartones-casa en las calles que ríete tú de Stranger Things. Con la Tercera Guerra Mundial a la vuelta de la esquina y la concatenación de sucesos que ya vivimos en el siglo pasado y que se están repitiendo en la actualidad, que la Tierra sea plana, el covid una manipulación y el 5G la resurrección de Mickel Jackson me trae sin cuidado. El mundo no se echa a perder solo, pero desde luego que cada vez huele más a podrido en Dinamarca. Habrá quienes digan que para no creer en las conspiraciones menuda me he marcado al final del artículo. Sin embargo, si revisamos la historia, nos daremos cuenta de que nos estamos empeñando en andar un camino que ya transitamos y solo nos dejó muertes, hambre y miseria. Lo peor de todo esto que les cuento es que siento que poco podemos hacer con lo que parece que se nos viene encima más allá de no mirar para otro lado y vivir en consecuencia, es decir, como decían los viejos que ya saben de esto: «Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar».

*Escritora

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