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Opinión | Cafetera de aspasia

Veladuras

Los artistas plásticos estamos muy familiarizados con el color, las capas y el engaño a través de los mismos

El color es uno de los aspectos más fascinantes de la pintura. Sus secretos, sus trucos y sus posibilidades es algo que ha sido habitual para los pintores a lo largo de los siglos. Los colores se pueden obtener, básicamente, por dos medios principales, aunque hay otros: o bien tú los mezclas directamente en la paleta y aplicas el resultado en la superficie a pintar (un color final que ha sido fusionado físicamente a partir de otros) o bien puedes obtener un color a través de superposiciones de distintas capas de colores translúcidas o semitransparentes, lo que se ha llamado tradicionalmente ‘veladura’. Esta última técnica da lugar a un color más óptico, con más profundidad, resultado de los añadidos de capa semi-transparente.

Así, los artistas plásticos estamos muy familiarizados con el color, las capas y el engaño a través de los mismos. Sin embargo, no somos los únicos que juegan con estos trucos. No tenemos más que pensar en estas pasadas fiestas navideñas en el espectáculo del presidente de Andalucía ‘disfrazado’ de Baltasar en plana cabalgata, con toda su cara embadurnada de maquillaje negro. No me explico, de verdad, que los políticos no tengan a personas sinceras cerca que no le rían las gracias ni las ocurrencias. Que no le digan, con respecto y cariño, que no pueden (ni deben) estar en todos los saraos, que está mal ese protagonismo en algo tan vinculado a la inocencia -mucho más en un año electoral-. Aunque se lo ofrezcan, la respuesta deber ser negativa, a mi entender. Hay cientos de ciudadanos y profesionales que se merecerían ese rol.

Tampoco ha faltado el numerito nacional de un presidente haciendo videos mientras enseñaba el Palacio de la Moncloa, como si fuera Coco en Barrio Sésamo mostrándonos lo que está cerca, lo que está lejos... o lo que es un reloj. Un presidente que hace un ‘house tour’, imitando a una reina del papel couché mientras enseña su casa en la revista de turno. Un show. A todo esto, se unen los bailecitos americanos que nos llegan desde los Estados Unidos, mientras reventamos el orden mundial y el derecho internacional. Un aplauso para todos.

Quizás hay que recordar a la clase política que no le votamos para que hagan bailes, ni para que aparezcan en un desfile navideño, ni para que nos enseñen a sus hijos por Instagram. Esa no es su labor. Su labor es buscar con honestidad el bien común desde lo público y desde sus posiciones políticas, las que sean. Lo que están haciendo no es más que un circo de capas de veladuras para que no podamos ver el color real.

Menos vídeos y más viviendas, por ejemplo.

*Artista y catedrática de Universidad

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