Opinión | Entre visillos
Entre la historia y la ficción
El deseo de conocer el pasado sin academicismos, base del éxito de la novela histórica según José Calvo Poyato
Contra lo que algunos auguraban, el libro electrónico no ha quitado espacio al de papel. Y los mismos libreros, siempre prestos a llorar penas, se muestran satisfechos de las ventas relacionadas con Navidad y Reyes. Es más, no solo se han comprado y regalado muchos libros en el formato de siempre, con textos en tinta negra sobre hojas en blanco –junto a experimentos de lomos pintados y desplegables como en los cuentos infantiles- sino que se están leyendo ya, en una especie de propósito realizado al comienzo del año. En un reciente viaje en tren, me asombré al ver a bastantes compañeros de vagón leyendo ensimismados el tomo que tenían entre las manos; una imagen ajena a estos tiempos de teléfonos inteligentes y redes sociales que me recordó a otra de muchos años atrás, en mi época de estudiante en Madrid, cuando la mayor aspiración del viajero en Metro era conseguir un asiento donde pasar el largo trayecto leyendo una novela –forrada, para que el fisgón de turno se quedara con las ganas de saber el título-. Y, a juzgar por las estadísticas, seguro que muchos de esos libros del tren eran novelas históricas, uno de los géneros más leídos en España, si no el que más. Ahí está el caso de Pérez Reverte, quien –aparte de que casi todo lo que escribe es una mina, bien envuelto en una apabullante maquinaria publicitaria- ha convertido en clásico a su Capitán Alatriste. Pero en Córdoba tenemos un ejemplo mucho más cercano, el del egabrense José Calvo Poyato, que sin tantas alharacas se ha convertido en uno de los más reconocidos y prolíficos artífices de la novela histórica publicada en este país.
Calvo Poyato, que además de escritor y articulista es catedrático de Historia y está más que acostumbrado a explicarla en institutos y a sus alumnos de la Cátedra Intergeneracional, no se conforma con ser un avezado novelista, con más de una veintena de narraciones publicadas, más numerosos ensayos y biografías. También sabe razonar con convencimiento y amenidad las claves de un género tan exitoso, como demostró hace unos días en el ciclo de conferencias y debates Los Lunes de la Academia ante un público entregado que llenó a rebosar la capilla del instituto Góngora.
De talante tan cordial, con su puntito de ironía, como en aquellas primeras entrevistas que le hice cuando empezaba a darse a conocer en el mundo editorial de los noventa –como alcalde de Cabra y destacado andalucista ya se había hecho un hueco en la política autonómica-, José Calvo Poyato deleitó al auditorio con su palabra calmada y jugosa. Como si de una nueva entrega se tratara, dosificando el argumento para no aburrir a la concurrencia, porque, como dijo la historiadora María Isabel García Cano, su presentadora, este hombre «vive la historia», cualquier historia, «y la transmite con pasión», así Calvo Poyato basó que este tipo de novela cuente con el favor del público –que no de la crítica-, desde los tiempos de Walter Scott, en que «a la gente le interesa conocer el pasado y los historiadores no hemos hecho bien nuestro trabajo».
Aunque, añadió, en esta mezcla de divulgación y ficción no todo está permitido. Por mucha imaginación que les eche el autor, no vale alterar los acontecimientos que recoge la Historia con mayúscula («aunque vaya usted a saber –matizó socarrón- si responden a lo que de verdad ocurrió»); la acción debe distanciarse temporalmente de los hechos contados, y los personajes inventados han de ser verosímiles y estar bien incardinados en los escenarios de su época. Porque toda novela histórica que se precie requiere hilar muy fino en el proceso de documentación. Y ahí es donde converge la facilidad narrativa con la erudición, razón del éxito de José Calvo.
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