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Opinión | Sedimentos

Mortadelo y la ciencia

La realidad científica parece muy alejada de muchos jóvenes, los cuales, por desconocimiento, padecen un miedo atávico a internarse en el proceloso orbe de la sabiduría que emana del estudio de las ciencias. Cuestión a la que el CSIC pretende poner remedio con la ayuda de un mentor tan bizarro como insólito... y mordaz. ¿Cómo?: mediante una exposición, ‘La Ciencia de Mortadelo y Filemón. Crónicas disparatadas de la investigación en España’, abierta en la sevillana Casa de la Ciencia y que en los dos próximos años recorrerá el resto del país. A través de su lógica delirante, Mortadelo y Filemón, secundados por el profesor Bacterio, nos trasladan que la ciencia constituye una herramienta fundamental para comprender el mundo que nos rodea y poner remedio incluso a desafíos tan graves como los derivados del cambio climático. Aquellas maravillosas y divertidísimas historietas publicadas en los tebeos han permanecido vigentes en los ahora denominados cómic; un mundo disparatado, pleno de inventos de la TIA, donde la ingenua inocencia de los protagonistas camina siempre junto a una mirada bondadosa, exenta de esas malas intenciones que tanto protagonismo osan acaparar en el mundo de los adultos, a veces tan absurdo como lo es el propio ser humano cuando porfía por rebelarse en contra de su propia esencia.

Francisco Ibáñez describió por medio de sus entrañables personajes las contradicciones de la humanidad y su devenir errático, un desafío abarrotado de peligrosísimas apuestas, en el que la verdad científica es la mejor herramienta para no extraviarse... y donde el humor aporta una nota de indiscutible valor, indispensable para sobrevivir a tanta amenaza y desvarío presente en nuestro mundo. Cuando todo nos supera, naufraguemos al menos sin caer en la tristeza. Ese es, justamente, el mensaje de Paco Ibáñez en sus creaciones.

*Escritora

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