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Opinión | Cosas

Excomulgados

A los cinéfilos no les resultará extraño el nombre de Diego Galán, aquel escritor, cineasta y crítico cinematográfico fallecido en 2019 que durante trece años fue director del festival de cine de San Sebastián. Precisamente, plasmó las memorias de esa intensa experiencia en un libro altamente sugerente, ‘Jack Lemmon nunca cenó aquí’, aludiendo a la ausencia de uno de sus actores favoritos pese a las reiteradas invitaciones para acudir a Donostia. Y eso que Galán se apuntó el tanto de la última aparición estelar de Bette Davis, paseando su elegante divismo por la Concha y enseñoreándole a la muerte su pitillera.

Me acuerdo de ese libro de Diego Galán para parangonar ese hueco del papa Francisco en los 66 viajes de su pontificado. Nunca visitó España, aunque quedaría ese amago póstumo de rezar en las Canarias. León XIV sí tiene intención de visitar este año nuestro país, y ha incluido a las Afortunadas en su hoja de ruta, junto a esa versión ibérica de la dickensiana historia de dos ciudades que conforman Madrid y Barcelona. Robert Prevost pisaría suelo canario para desagraviar el fallido viaje de Bergoglio y rendir homenaje a esa adenda de las misericordias que es confortar a quien realiza una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.

Este papado se ha tomado ese margen de discreción para aposentar la estela carismática de su predecesor; pero ya hace un tiempo que viene marcando su sello, con un hábil sincretismo que combina la recuperación de liturgias y formalismos -bienvenidos los estíos de Castelgandolfo- con un afilado discurso en pro de los desfavorecidos. Orar en las Canarias es predicar en estas ínsulas de tránsito; el rompeolas de ese populismo que le ha colocado el dogal al indocumentado para pasearlo como chivo expiatorio.

León XIV tiene un pasado misionero; en Chiclayo y en todo ese Perú que para la administración norteamericana se encuentra en segunda línea de desprecio. Presumimos que el cardenal Prevost escogió el nombre de su papado inspirándose en el ordinal anterior: León XIII, con su encíclica ‘Rerum novarum’ y esa doctrina social de la Iglesia que quería atemperar la marmita ideológica de la clase obrera. Pero los tiempos apuntan al primer León, al que en el año 452 le paró los pies al mismísimo Atila.

Robert Prevost nació en Chicago, pero para ser el primer Papa estadounidense no cuadra con las ansias mesiánicas del movimiento Maga. Antes o después parece inevitable un encuentro -o desencuentro- entre Trump y el obispo de Roma. Donald Trump no se ha arrodillado ante su Santidad, solicitando las bendiciones de los condotieros en el campo de batalla. Mas no sabemos hasta qué punto sería eficaz esa arma de destrucción masiva de las almas creyentes que es la excomunión.

Ante la falta de contrapeso de ojivas nucleares, resultaría curioso que una nación tan luterana como la danesa viera con buenos ojos esta alianza con el Vaticano: bula excomulgadora e hisopos de agua bendita, aunque su rociamiento se helaría en los confines de Groenlandia. Marine le Pen ya se ha apuntado a esa cruzada, pues esa defensa gaullista de la soberanía nacional ha dejado en evidencia la sumisión de otras formaciones de ultraderecha. Le Pen ha pensado en la Guyana y los territorios franceses de ultramar, celosa del vasallaje que Trump quiere imponer en su patio trasero.

La excomunión es más eficaz a medida que los demonios de las postrimerías se arrejuntan en el cabecero. Pero Trump quisiera evitarlos con el antídoto de su egolatría. También Napoleón y Enrique VIII fueron excomulgados. Distintas maneras de lidiar con el sueño eterno.

*Licenciado en Derecho, graduado en Ciencias Ambientales y escritor

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