Opinión | Escenario
Al pan, pan
Apenas ha pasado una semana y me parece que ha sido un siglo. Pensaba para escribir este artículo en hacer una especie de recopilación de algunas cuestiones de las fiestas navideñas, que podrían resumirse en más kilos y menos euros. Y luego está lo de Venezuela, lo de Groenlandia y cuantas pretensiones y modificaciones han ocurrido y están por ocurrir, pero como no quiero meterme en jardines, pasados o futuros, voy a centrarme en los kilos, bastante relacionados con el pan, el cual, dicho sea de paso, ha subido de precio debido al encarecimiento de las materias primas que se utilizan en su elaboración y en esto tiene mucho que ver la guerra en Ucrania (¡Vaya por Dios, otro jardín!).
Hablemos del pan, un alimento básico unido al devenir de las más antiguas civilizaciones: asirios, babilonios, hebreos, egipcios... Los griegos le asignaban origen divino y los romanos, que difundieron por Europa el cultivo de los cereales y el consumo del pan, pagaban a sus soldados con una ración diaria de trigo molido con el que preparaban las gachas que les servían de alimento. Los cereales, las materias primas del pan, fueron los responsables de que los seres humanos aprendiesen los ciclos de las cosechas, labrasen la tierra y se convirtiesen en sedentarios. Tuvieron que inventar el arado, la hoz, el molino de grano y el horno. El pan ha sido símbolo de riqueza y embajador de paz, y su ausencia, protagonista de revoluciones. Está presente en las más profundas raíces de nuestro lenguaje. Como el vino -al pan, pan- nos sirve para dar a entender que algo se dice de forma directa, clara y sin rodeos. El pan acompañado de cebolla basta y sobra a los enamorados. El pan ganado con el sudor de la propia frente no sólo sirve de sustento, sino de orgullo. Pan y callejuela es una expresión para explicar que a alguien se le deja paso libre para que vaya donde quiera. Pan comido, para lo que es fácil. Pan y miel, para lo bueno y agradable. Pan bendito, para la bondad máxima.
Pues con todos estos antecedentes, cuando se trata de perder kilos, el pan, el saciante pan, es el alimento que resulta más agraviado. Y sin embargo, el pan y las bebidas están presentes en la mesa desde el principio hasta el final de la comida. Actualmente, para compensar la disminución en el consumo de pan los panaderos, amparados por la ciencia, están tirando de imaginación y técnica para recuperar panes míticos por la proporción entre corteza y miga y por la adecuada textura de cada una de ellas. No hay espacio aquí para hablar de variedades, por eso habrá que volver sobre el tema. De momento, con las rebajas, tenemos suficiente entretenimiento.
*Académica
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