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Opinión | Salida de emergencia

Insaciables

Delcy Rodríguez asume la presidencia de Venezuela y también la tutela de Estados Unidos, lo que convierte al país en un hijo menor de edad al que hay que enseñar cuál es el camino correcto, quiénes son los enemigos y cuáles son aquellos con los que hay que caminar codo con codo para que las cosas no empeoren, porque sí lo hacen habrá más muertos y más detenciones y nadie quiere eso. Claro que no. Y ya llegado el momento, si es que llega, el padre Estados Unidos permitirá que el muchacho vuele solo sin olvidar quién lo educó, quién lo salvó y obligándole a pagar un precio por esos servicios que se contabilizan y se contabilizarán en barriles de petróleo que harán más poderoso al padre y más dependiente al hijo.

Esa es la hoja de ruta y a priori resulta impecable si obviamos que se ha secuestrado ilegalmente a un presidente que lo era al margen de la legalidad y que se ha asesinado a un centenar de personas que tenían sus vidas, sus familias, sus amigos, sus religiones, sus amores, sus defectos, sus virtudes y que son terribles daños colaterales de una operación que, para quienes la han liderado, ha sido de absoluto triunfo, y para quienes la observamos desde fuera y desde la lejanía es como una metáfora del poder mal entendido y no sabemos qué pensar y seguimos intentando digerir y ponernos en la piel de los que allí siguen indefensos y quizá traicionados. Sin duda todo demasiado disparatado en estos tiempos en los que el último disparate es el mejor y el más audaz y por eso las cuentas no acaban de salir y el ritmo de las cosas es trepidante, porque entre unos y otros las zancadillas son más rivales y los puños, más hostiles.

Ha caído una hoja del árbol y me he quedado mirándola largo tiempo, del mismo modo que Frankenstein observaba el pequeño río artificial por el que las hojas se deslizaban sobre el agua hasta desaparecer buscando la salida. Tengo la impresión de que todos estamos buscando una salida y la decepción de saber que la salida no siempre es liberadora, más bien se ha convertido en derrota con barrotes de oro tras los cuales esperamos que el tiempo pase y las cosas cambien y el tiempo pasa, pero las cosas no cambian y los audaces son cada vez más peligrosos y los súbditos, más numerosos y atemorizados.

*Periodista y escritora

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