Opinión | El alegato
Humanizar el progreso
Escribo estas líneas con los nervios propios de una niña sesentona que espera la llegada de SSMM desde Oriente.
Cuando Uds. puedan leerlas, ya habrán recibido los regalos que para este año les pidieron -o no-, pero, en cualquier caso, habrá merecido la pena vivir un año más la ilusión de que nuestros deseos pudiesen materializarse en una helada noche de Reyes.
Ocurre que acabo de darme cuenta de que la exclusiva del correo físico la ostentan Melchor, Gaspar y Baltasar.
Gracias a ellos, nuestros niños seguirán teniendo conocimiento de la estructura de una carta. Así mismo, aprenderán a cumplimentar el sobre con los datos del destinatario en su parte delantera y los del remitente en la solapa de cierre. Sabrán de la existencia de una pequeña etiqueta que se coloca en la parte superior derecha del sobre y que es el timbre correspondiente a las tarifas de Correos.
No obstante, llegará un día en el que nuestros Reyes Magos, intimidados por la Agenda 2030 y la «cultura paperless» o «papel cero», la «economía circular» (reutilización y reciclaje) y la «regla de las 3 R» (Reducir, Reutilizar, Reciclar), se abrirán una cuenta de correo electrónico desde la que atenderán con exclusividad las peticiones de nuestros pequeños. El despido objetivo de los carteros reales, por amortización de sus puestos de trabajo al quedar vacíos de contenido, resultará inevitable.
Cuento todo esto para visibilizar cómo en la mayoría de las ocasiones, las políticas progresistas proclives a dejar un mundo mejor a nuestros pequeños -lo que cualquiera en su sano juicio desea-, aceptan como daños colaterales e inevitables, demasiados cadáveres en el camino.
No puede sustituirse la ilusión y el aprendizaje que para cualquier niño conlleva escribir su carta a los Reyes Magos e ir a entregársela en mano, con un frío correo electrónico al que papá o mamá adjuntan un archivo pdf.
No es mudable el médico que, en su consulta, mientras le cuentas lo que te duele, escruta disimuladamente signos en tu cuerpo que le ayuden a establecer un diagnóstico certero, con esas conferencias online en las que el facultativo te diagnostica con una conversación de apenas unos minutos.
No es comparable la demanda hecha por la IA en base a la aséptica narrativa de unos hechos, con la demanda que el abogado elabora después de mantener varias reuniones con el cliente, reuniones en las que se diluye el abogado, el confesor y el psicólogo en un mismo profesional.
Los avances tecnológicos nos regalan tiempo, tiempo que deberíamos gastar en humanizar nuestras vidas.
Mis demandas seguirán siendo de encaje de bolillos; mis abrazos reales y mis envíos escatológicos sin emoticonos con ojos.
*Experta en Derecho del Trabajo y Seguridad Social
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