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Opinión | Editorial

El futuro de España es la UE

Cuarenta años después de la entrada en vigor de su adhesión a las Comunidades Europeas, España sigue apostando claramente por un futuro compartido con Europa. Esta vocación -tres de cada cuatro españoles piensan que el futuro de su país será mejor dentro de la Unión Europea que fuera- se asienta en la visión europeísta compartida por los dos principales partidos estatales y de las fuerzas nacionalistas de Cataluña y País Vasco. El europeísmo que presidió la transición democrática ha resistido todos los embates, incluido el de la polarización política. El PP y el Gobierno han discrepado en iniciativas del Gobierno como la negativa a aumentar el presupuesto militar hasta el 5%, la confrontación con Israel a raíz de la guerra de Gaza o el intento de Pedro Sánchez de explorar el diálogo bilateral con China. Sin embargo, en lo esencial, ambos partidos sí mantienen un consenso básico sobre las ventajas que supone la pertenencia a la Unión Europea. Se trata de una tradición que tomó cuerpo hace 63 años, cuando la dictadura franquista solicitó la apertura de negociaciones con la entonces CEE y quedó claro que la democratización de España y la integración europea eran dos realidades inseparables. Recientemente, el Rey Felipe VI volvió a recordar los beneficios que Europa ha supuesto para España, al afirmar que conviene no «desandar el camino» recorrido y preservar la unidad del proyecto europeo frente a los riesgos de fragmentación interna. La advertencia de Felipe VI no es baladí.

Por primera vez, un partido que tiene 33 diputados pone en cuestión la UE tal y como ha existido hasta hoy. Vox no se limita a criticar tal o cual política comunitaria, sino que plantea desandar el camino en la cesión de soberanía de los estados. Una estrategia compartida por los 159 diputados que tiene la extrema derecha en el Parlamento Europeo. Las amenazas para el proyecto son hoy más complejas de lo que han sido nunca desde que España adhirió a la Comunidades. A quienes aspiran a carcomer la UE por dentro se suma la creciente pinza que ejercen Moscú y Washington en contra de los intereses europeos. Para la opinión pública española, lo relevante es que la UE siga siendo una zona de paz, estabilidad y oportunidades económicas y sociales. De la capacidad de Bruselas de promover una economía más competitiva y capaz de afrontar los problemas reales de la gente, entre ellos el de la vivienda, que no es solo el de España, dependerá que el europeísmo mantenga su pujanza y sea capaz de hacer frente a los cantos de sirena a la renacionalización de las políticas europeas. Nada está ganado para siempre. Máxime cuando la defensa de Europa puede implicar sacrificios importantes si la UE se queda sola en la defensa de la soberanía y la libertad de Ucrania, que es la libertad de todos los europeos. También de los que vivimos más lejos de la agresión rusa. Todo ello supone un europeísmo más complejo, más consciente del difícil entorno geopolítico al que Europa tendrá que hacer frente.

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