Opinión | la cafetera de aspasia
Marisa vadillo
‘Stranger Things’
Pocas propuestas han unido fantasía, amistad, infancia, ciencia...
Cuando lean esta columna hará unas horas que habrá finalizado mundialmente uno de los fenómenos culturales más importantes de los últimos años, una de las series recientes más completas que hemos visto: ‘Stranger Things’. Pocas propuestas han unido fantasía, amistad, infancia, ciencia, adolescencia, política, lealtad, música, estética, poder y realidad de un modo tan emocionante. Además, la han ambientado en los años ochenta.
Uno de los mayores logros de esta serie ha sido, a mi parecer, conseguir recrear y explicarles a las chicas y chicos que llamamos ‘Generación Z’ y ‘Generación Alfa’ —todos nativos digitales esclavizados, de algún modo, por las pantallas— lo que fue el espíritu de los niños en esos años. Aquella fue una década atravesada por tragedias generacionales juveniles como la heroína y el SIDA pero, también, para los niños fue (en muchos sentidos) una década gloriosa, llena de aventuras, cuando experimentábamos algunas de nuestras primeras experiencias de libertad. Hubo una generación para quienes ‘Los Goonies’ fue una historia posible, similar a las vividas (normalmente con tus primos cada vez que salíais juntos de aventura) aunque en las tuyas no hubiera piratas ni oro. Una vez, mis hijos siendo pequeños me preguntaron por qué nos habían pasado algunas de las aventuras que yo les contaba. Les dije que la explicación era fácil: teníamos bicis, no pantallas… Es innegable la épica que tiene una bicicleta cuando tienes diez o doce años, mientras que las pantallas no tienen ninguna. Es así de triste, da igual las posibilidades que te den las aplicaciones, los recursos, la cantidad de tiempo que consiga robarte, los efectos que te estimulen a través de un videojuego… nunca hay aventura real con ellas. Lo que sí teníamos casi todos era muchos primos, imprescindibles, ya que ninguna aventura épica infantil logra un nivel excepcional si lo haces solo; el grupo es fundamental, la experiencia tiene que ser colectiva. Por desgracia, cuando creces, esa emoción se pierde, aunque en estos tiempos adultos sí tenemos nuestro particular ‘Upside down’ del que habla la serie: un ‘Mundo del Revés’, lleno de monstruos, sólo que no hace falta atravesar portales para que toda nuestra realidad parezca que está bocabajo, invadida de seres que intentan dominar la normalidad, la calma, nuestro modo de vida. Los ‘demogorgon’ que nos rodean ahora están en política o empresas, intentando capturar nuestra mente, estimular el odio o captar tu atención, inhabilitando a toda una generación de jóvenes que no tienen posibilidad de emanciparse ni obtener un trabajo digno.
Así que no me queda otra que desearles un feliz 2026 sin ‘Azotamentes’, vengan de donde vengan. n
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