Opinión | NO NI NA
La mesa de los mayores
Mientras nuestros liberales meridionales celebraban las fiestas grabando vídeos chorras, los del PNV del Gobierno vasco, apoyados por PSE y Bildu, acaban de comprar la división tecnológica de la principal multinacional de ingeniería andaluza, Ayesa. No es el mercado, amigos, es política. En concreto, la que hacen los adultos cuando, como es el caso, quieren tener en su territorio los centros de decisión de relevancia, como la sede de las empresas punteras con intereses en la economía digital. Si usted entra en Córdoba -por poner un ejemplo- por el puente de Ibn Firnás, sepa que el diseño salió de los ordenadores de Ayesa, fundada por el ingeniero José Luis Manzanares. Si va al juzgado por lo que sea, que sepa que toda la Ciudad de la Justicia fue levantada y gestionada por sus técnicos. El proyecto de la ronda Norte -el de los restos arqueológicos, ese-, correcto, también es cosa de Ayesa. O todo el desarrollo necesario para convertir las vías del ferrocarril convencionales en una infraestructura válida de corredor de mercancías. Y relatando podemos echar la mañana.
Si repasan la prensa vasca de estos días, verán que aquí no se ha tapado nadie. El objetivo era y es llevar la toma de decisiones a ese territorio y, para ello, se ha movilizado a la banca pública por las buenas o a pescozones. Esa a la que tan alegremente se renunció en Andalucía y que allí va a pagar a escote los casi 480 millones de euros en los que se está valorando la operación, anunciada mientras el personal veía ‘Cachitos’.
El autobombo, la propaganda institucional, no debería ocultar eso tan antiguo de la verdad. El tangazo es de consideración si atendemos a los antecedentes, que incluyen los restos de la antigua Sadiel, privatizada por la Junta de Andalucía hace escasos años. Implica, a medio plazo, perder centros de decisión, inversiones en tecnología y posibilidades de conocimiento endógeno donde más precisas son. Todo ello impulsado y financiado por el presupuesto autonómico vasco que opera, al menos hasta donde sabemos, con el apoyo político y la protección del Gobierno cuqui más progresista, federal y social que conocieron las generaciones.
Los apóstoles fartuzcos de la política contemporánea les van a decir que ya no hay fronteras, que todo es global. A la plaza del nunca, se llega por la calle del ya iré, diremos citando libremente el ‘Quijote’. En la época de la inteligencia artificial, no les extrañe que por tontos nos tomen y que algunos, inclusive, aplaudan. La mesa de los mayores sigue en buenas manos, como ha estado siempre. Siempre nos queda seguir poniendo los cubatas mientras la música siga sonando. No molesten con las cosas del comer, que estamos de fiesta.
Tengan un feliz año 2026.
*Periodista
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