Opinión | Entre líneas
2026: ¿Actualizar? Sí. No. Cancelar
¿Cómo no voy a estar de acuerdo con los derechos de los migrantes si yo mismo soy migrante digital? ¿Cómo no defender a los que han llegado de lejos en el espacio si también tenemos problemas, y a veces muy similares de marginación y hasta de acoso, los que venimos de lejos en el tiempo?
Aunque sospecho que para los de las generaciones X y millennials y de ahí en adelante (yo ya he perdido la cuenta de las definiciones que hay para los que van llegando) también se enfrentan a los mismos problemas. Por ejemplo, cuando nos disponemos cada día a manejar esos muchos programas y aplicaciones imprescindibles para el trabajo, para comunicarnos, para enterarnos de las cosas... Y llega el terrible momento en el que de pronto sale una ventana de diálogo que invita a actualizar el programa. A veces veladamente, en algunos casos obligando, en otros hasta amenazando. Entonces uno pulsa «sí», y a partir de ese momento lo mínimo que se va a encontrar es con nuevos cuadros de diálogo anclados para siempre con sutiles formas de publicidad o dando problemas que antes no existían.
No recuerdo ni una sola actualización que hoy en día me ahorre tiempo. Al contrario, multiplican mis clics hasta el infinito, ocupando gran parte de mi trabajo cerrando ventanas para poder seguir adelante. Hasta tal punto que me lleva a preguntarme si el supuesto objeto de mejorar el programa es en mi beneficio, como se afirma, o el de la empresa actualizadora.
Pero no descubro nada nuevo. En el fondo, es el eterno debate sobre a quién beneficia el progreso, si al ciudadano, progresado a la fuerza, o al progresador que se queda con el dinero, más aún cuando toda esa modernización se produce sin control. Pienso ahora en aquella primera revolución industrial que parodió Charles Chaplin en Tiempos Modernos. Ahora vivimos otra revolución tecnológica, también dehumanizadora.
Y no me vale que me hablen de la Ley de Protección de Datos, planteada más como un problema añadido que como una solución para la ciudadanía, que solo veo que sirva para obligar al ciudadano a hacer también de burócrata multiplicando trámites por internet. Mientras alguien, es otro ejemplo, ha vendido tan ricamente mis datos y me llaman al teléfono cinco veces al día para meterme miedo con la factura de la luz y ofrecerme cambiarme a otra compañía. Aunque quizá es culpa mía por alguna actualización en la que pulsé «sí» y de la que ya ni siquiera me acuerdo.
Así que les deseo que tengan un 2026 en el que usted se actualice lo que vea oportuno, ni más ni menos, para ser todo lo feliz que pueda, se merece y le dejen. Sé que estará de acuerdo, pero si quiere pulse «sí», «no» o «cancelar».
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