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Opinión | El alegato

La trompeta de Torricelli

Por las noticias de los últimos días, no ceso de acordarme de la trompeta de Torricelli o Cuerno de Gabriel.

Como Uds. sabrán, la susodicha trompeta es una figura geométrica fascinante que encierra en sí misma una paradoja matemática: tiene una superficie infinita pero su volumen es finito. Para visualizarlo, podríamos llenarla con pintura, pero no habría suficiente para pintar su superficie, ni siquiera interna. Este concepto fue descubierto por Evangelista Torricelli en 1641.

Esta trompeta alude también al Arcángel Gabriel que, en la tradición judeocristiana, tocará la trompeta en el Día del Juicio Final.

Todo esto viene al caso de haberme topado con campeonatos anuales de caballos de madera en Finlandia, equitación vegana dicen que es y «hobby horsing» la llaman.

En Alemania, en cambio, se ha viralizado el «hobby dogging» que es pasear una correa de perro sin perro.

Intento empatizar con el mundo, sus cambios, «avances» y derivas, pero he de reconocer que hay situaciones que por más empeño que le pongo no logro asimilar.

Todos sabemos -porque se está convirtiendo en un serio problema en nuestro país- que muchas jóvenes, por carecer de independencia económica, han descartado la maternidad. Pues bien, algunas de ellas pueden ser vistas en sus canales digitales ejerciendo esa maternidad con un muñeco de silicona o vinilo en los que, para subir contenidos, gastan en útiles de cuidado y alimentación mucho más que gastarían en ese hijo que no quieren tener.

Lo único coincidente en cada una de estas tendencias es la estulticia elevada a la máxima potencia.

A propósito de necedad, no puedo pasar por alto la última ocurrencia de la Sra. Irene Montero, proponiendo quitar el nombre de Adolfo Suárez al aeropuerto madrileño, por la denuncia realizada el pasado 9 de diciembre por una mujer que ha esperado más de 40 años para confesar públicamente que el expresidente de Gobierno, fallecido en 2014, la agredió sexualmente entre 1982 y 1985, iniciándose las agresiones cuando ella tenía 17 años y era menor de edad.

Sra. Montero, también los muertos tienen derecho al honor. Acusar sin juicio previo de delitos tan graves a quien ya no puede defenderse, no puede ni debe salirle a Ud. gratis, y es que muy probablemente los herederos del Sr. Suárez ejercerán las acciones legales oportunas en protección de su honor.

La denunciante tardía, admiradora del cincuentón, fue a buscarle a su despacho para que la impulsara académicamente. ¿Le suena?

En definitiva, que Ud., como la de Torricelli, tiene un conocimiento bastante finito: el justo para acabar el día, pero una eyaculación verbal tan precoz como infinita.

¡Gabriel, toca la trompeta!

*Experta en Derecho del Trabajo y Seguridad Social

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