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Opinión | Punto y coma

Camino recorrido

Cuando estas líneas vean la luz, habrán pasado cuatro jornadas desde que se publicaran las notas de la primera evaluación en la mayoría de centros de enseñanza de Andalucía. Previamente, algunos alumnos desoyeron las voces que les advertían de que los resultados serían negativos, pues, normalmente, hasta que aquellos se topan con el suspenso, no reaccionan ante lo que todavía no perciben como una realidad.

Asimismo, recientemente hemos visto cómo algunos responsables políticos se enfrentaban a sus propios exámenes. En Extremadura, el señor Gallardo acudía a las urnas con unas expectativas poco halagüeñas y, aun así, decidió avanzar. El desenlace, en efecto, confirmó lo que muchos habían anunciado. Poco después de que los datos de los comicios fuesen de dominio público, quien abanderó a su equipo achacaba el naufragio al rival. Del mismo modo, transcurridos pocos minutos desde que las calificaciones correspondientes al primer tercio del curso fuesen conocidas para los interesados, sonaban los teléfonos de muchos profesores. Y es que, en algunos casos, se necesita descargar una culpa que, compartida, pesa menos, y alivia pedir las explicaciones que no se buscaron mientras se recorría el camino que condujo hacia el fiasco.

Tal vez el problema no sea el suspenso ni el fracaso electoral en sí, sino la obstinada costumbre de no querer escuchar mientras todavía hay margen de maniobra para una solución. Muchos viven con la convicción de que siempre habrá una segunda oportunidad o un relato alternativo que amortigüe la caída. Pero la objetividad, que no suele atender a excusas ni a reacciones tardías, aparece para recordar que los exámenes, académicos o democráticos, no evalúan las peroratas de última hora, sino el camino recorrido.

*Lingüista

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