Opinión | El alegato
Pide Taxi...y suerte
Será casualidad, o no, pero en estos días he podido leer dos noticias publicadas en medios de comunicación relacionadas con la situación del taxi en Córdoba capital.
En una de ellas, se informaba de que el Consejo del Movimiento Ciudadano había contestado a la consulta municipal sobre la propuesta de subida del 2,7% de las tarifas del taxi para 2026, aceptándola.
No obstante, dicho órgano máximo de participación ciudadana ha insistido que las mismas se deben hacer extensibles a los nuevos núcleos urbanos, que quedan fuera del mapa que aún sigue estando en vigor para la aplicación de dichas tarifas y que data de 12 años atrás.
En otra noticia, la Federación de Servicios, Movilidad y Consumo de UGT denunciaba la falta de nuevas licencias de taxi en Córdoba desde hace casi una década, afirmando que esto estaba provocando graves dificultades a los ciudadanos para hacer uso de este servicio público esencial.
Pues bien, será casualidad, o no. Pero en los tres últimos meses me ha tocado vivir en primera persona varias experiencias con el servicio del taxi, y lamentándolo mucho y salvo contadas y honrosas excepciones -que curiosamente eran asalariados y no propietarios-, he terminado bastante decepcionada.
En dos ocasiones, concretamente un domingo por la tarde y un sábado noche, de regreso en AVE, en la parada de la estación de Córdoba, ni un solo taxi esperando a los viajeros. Los taxis llegando con cuentagotas, uno o dos cada diez minutos, y los usuarios -algunos mayores y con limitaciones funcionales-, de pie y sin un mísero banco en el que poder esperar su turno.
En dos días consecutivos, llamo a radio taxi insistentemente y al no obtener respuesta, decido bajarme WhatsApp Taxi, según me recomendaba el contestador automático. Tras responder a un interrogatorio que ni el de la GESTAPO, al confirmar petición, me sale mensaje de no ser cliente autorizado a realizar la operación (Servicio Automático no activo) y con toda su guasa me vuelve a preguntar que qué quiero hacer. Por razones obvias, omito contestación.
Salgo del Hospital Reina Sofía sobre las 20.00 horas, entre semana. Después de veinte minutos en la parada sin llegar ningún taxi, desisto. Quien mueve las piernas mueve el corazón y quien no se consuela es porque no quiere.
Tras mucho preguntar, he conseguido que un taxista me informe que muchos no trabajan en fines de semana. Una solución sería dar licencias temporales, más baratas, como ya hacen otras ciudades, para atender a los usuarios los días en que se prevé incremento de demanda.
Será casualidad, o no, pero creo que, a partir de hoy, o hago más kilómetros que Forrest Gump o me toca pedir taxi bajo alias.
*Abogada experta en Derecho del Trabajo y Seguridad Social
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