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Opinión | La bolsa y la vida

Mercados, guerra en Ucrania, Bicocca y el Optimus Gen de Elon Musk

Un tanque ucraniano en el frente

Un tanque ucraniano en el frente / SERGEY KOZLOV

El contexto internacional y los mercados atraviesan momentos complicados. 'Bicoca' no es una palabra usual pese a que figura en el diccionario castellano. De la batalla de 1522 que enfrentó a España con Francia en la población milanesa de Bicocca se derivó un término que está en desuso quizá porque nada parece tan fácil en la actualidad para designarlo de manera tan elocuente. En aquella batalla, los Tercios de España infringieron más de 3.000 muertos a los franceses mientras que entre las filas propias solo hubo un muerto y fue por la coz de una mula. La clave del asunto fue tanto una organización especial de las tropas (pese a la inferioridad en número, 18.000 contra 30.000, pero posición elevada en el campo de batalla, innovadora aplicación de la técnica de volea) como el buen uso del nuevo armamento, las armas de fuego (arcabuces), frente a sistemas tradicionales que requerían el contacto físico con el enemigo (las picas). También la organización de grupos de combate más pequeños y ágiles. De aquellas batallas a las actuales hay pocas semejanzas.

Guerra de Ucrania y costes

La actual guerra de Ucrania, que se ha cobrado por ahora miles de muertos y ha supuesto reestructurar el presupuesto europeo, no es una bicoca. No hay armamento especialmente disruptivo por parte de nadie ni claras estrategias de avance ni por un bando ni por otro. La indiscutida superioridad rusa no se ha plasmado en una guerra rápida ni en avances acelerados en el frente. Aunque Rusia ha ganado terrenos por el momento, los costes son excesivos. Y mientras tanto, los mercados y la economía europea está atravesando momentos complejos. Las negociaciones abiertas actualmente para abrir un proceso de paz pueden ser una vía de esperanza, pero nada es fácil como en Bicocca y las facturas previstas distan mucho de ser fácilmente asumibles. En la actual coyuntura, el giro de la política económica estadounidense internacional anima todavía más las incertidumbres, con aranceles, cambio de cromos y nuevas alianzas geoestratégicas. El plan inicial de paz de Trump para Ucrania no era más que una gran estrategia económica que beneficiaba especialmente a EEUU, exculpaba a Putin y hacía que Europa pagase la factura. Sin embargo, los inversores deberían estar atentos al desenlace de las conversaciones y el desarrollo de futuros planes, porque abrirán una nueva etapa económica y expectativas de negocio.

Disrupciones tecnológicas

Y el asunto es que los grandes negocios se han desarrollado en los últimos años en torno a las disrupciones tecnológicas, como en la batalla de Bicocca. La inteligencia artificial o bitcóin son ejemplares en el asunto, han revolucionado la inversión en momentos de incertidumbre. La consultora Morgan Stanley proyecta que las ventas de semiconductores humanoides alcanzarán los 305.000 millones de dólares para 2045, impulsadas por la IA y el desarrollo de nuevas fórmulas de ingeniería aplicada.

Las mayores oportunidades residen en los procesadores y sensores de IA, más que en la fabricación de robots. Se espera que la lista de materiales aumente un 15% para 2030 y un 40% para 2045. Las áreas de valor clave incluyen la tecnología cerebral de IA, la visión artificial y los nuevos chips. Tesla, Nvidia, AMD, Samsung y Alibaba son grandes candidatos para liderar esas disrupciones.

Optimus Gen, el robot de Elon Musk

De cara al horizonte conviene no perder de vista a Elon Musk y sus proyectos. Entre ellos, destaca el desarrollo de los robots humanoides con destino a las empresas y los hogares. Según los últimos análisis, la apuesta de Musk va en serio. El robot humanoide Optimus Gen 2 cuesta aproximadamente en estos momentos en torno a unos 60.000 dólares solo en 'hardware' por unidad. Los expertos calculan que esa cifra habilita ya la producción inicial para los consumidores aventajados y con ganas de estatus. Está previsto que la evolución de los costes sea similar a la seguida por los coches eléctricos a medida que la producción en masa es una realidad.

La mayor parte de los costes se sitúa en componentes que dependen de Tesla, por lo que el abaratamiento es posible a medida que aumentan los volúmenes de venta. Como en cualquier producto tecnológico, el 'software' se perfila como el principal impulsor del margen comercial del futuro robot. Resulta creíble que el coste por hora del robot Optimus será inferior al de la mano de obra humana. La teoría económica y las estrategias bursátiles van a tener que revisarse al ritmo de la IA y los nuevos avances, especialmente si se dan a través del campo de lo cuántico.

Las armas del espacio o los robots pueden suponer en el futuro lo que los arcabuces en Bicocca. Y de esos lodos bélicos y planes de reconstrucción se desarrollarán nuevas oportunidades de negocio en momentos de máximos bursátiles y operadores que ganan siempre, sea al alza o a la baja.

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