Opinión | El cuerpo en guerra
¿Niños o amigos?
Antes, una «puesta al día» era lo que se decía antes de llevar al taller el coche, ahora al escribirle un mensaje a una amiga para ofrecerle quedar o suplicarle un hueco para una llamada (sí, hasta las llamadas gustosas hay que agendarlas). ¿Cuándo comenzó a pasar esto? ¿Es algo universal?
En mi opinión, se trata de algo generacional. Los adolescentes y veinteañeros leerían este artículo compadeciéndose de nosotros, adultos de 30 a 50 años que se han visto absorbidos por horarios de trabajo abusivos, distancias y familiares. Para los primeros, la amistad determina su día a día porque conviven juntos o se ven día sí y día también, ya sea a nivel personal o formando grupos. De hecho, la amistad es el pilar de su existencia. En cambio, a nosotros nos ha llevado por delante «la vida en serio».
Además, la amistad no se vive igual en las grandes ciudades que en las pequeñas o en los pueblos, donde te encuentras continuamente. En Madrid, muchas veces te lleva una hora llegar a casa de tu mejor amiga. Luego, está el tema de la familia, si tienes hijos o familiares que precisen cuidados y el tipo de relación de pareja que estableces. Todo esto se ve salpicado, como todo, por el tema de la clase, de los ingresos económicos, que posibilitan pagar a esa ‘nanny’ para que puedas tomarte una cerveza con un amigo al que necesitas ver más que una ducha, a alguien para que cuide de tu suegra, que ha tenido que trasladarse a tu casa por problemas de salud, o permitirte billetes de tren para ver a esa amiga tuya que regresó a su lugar de origen para que los abuelos le echaran una mano con los niños o porque la familia necesitaba sus cuidados. Y aún así solo alcanzarías esa amistad de «puesta al día» (que conste, pese a ello, que los amigos de verdad estarán ahí siempre independientemente del formato). Eso, contando con que tengas buena salud y no seas autónomo o empresario, si no la vida se complica aún más.
Según mi experiencia, si tienes ingresos económicos que lo faciliten y no tienes cargas familiares, es posible seguir disfrutando de la vida con amigos, compartir ese «vivir», y relegar «ponerse al día» solo a los periodos estacionales (o estancias hospitalarias y periodos con dolor desorbitado, en mi caso). Eso sí, no todo es coser y cantar, conlleva esfuerzos y cuidados. ¿Quiero decir con esto que hay que elegir entre la vida con amigos o tener hijos? No, porque la vida siempre nos arrolla y pasa por encima cualquier decisión que tomemos, pero un poco sí. Toca elegir qué estilo de vida queremos tener (si no nos viene dado), porque lo del trabajo es algo impuesto. Y sí, es una mierda que sea así.
*Escritora
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