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Opinión | Cielo abierto

¿Dónde estás, hermana?

Todo este desconcierto nos abisma en la individualidad, porque hemos roto el pacto ciudadano. Es el triunfo del muro: divide y vencerás. La gente está dividida cuando ya ha perdido la capacidad para asociar ideas sin consignas, que es ponerse a pensar fuera del grupo identitario. Pensar es esforzado, pensar es un trabajo. Por ejemplo: a ti te dicen que hay que acudir a la manifestación por Jenny Hermoso y las demás jugadoras de la selección española del fútbol, después del piquito aquel de Luis Rubiales, que convoca la asociación Feminismos Madrid el 27 de agosto de hace dos años, y, como hermana, yo sí te creo, allá que vamos todas en pandilla. Y allí que se fotografía una muy estival y hasta morena Yolanda Díaz, con su sonrisa aviar, o Irene Montero, abrazándose a hermanas que jamás se van a preguntar a sí mismas -en eso que antes llamábamos conciencia, su silencio interior y reflexivo- qué hay de cierto en que su ley del sólo sí es sí es la que ha causado la rebaja de penas de miles de agresores sexuales, y no la justicia heteropatriarcal. Nada de eso: el ogro Luis Rubiales ha atentado contra todas nosotras por el piquito ese a Jenny Hermoso, y a colapsar el centro de Madrid con la marcha morada. Por eso. Por ese besito.

Aunque las imágenes festivaleras de aquel momento nos hagan mantener la duda razonable, vaya por delante que si Jenny Hermoso no deseaba ser besada en los labios, la conducta de gañán de Rubiales merecía ser reprendida. Dos años después, parece ser que la Comisión Antiacoso del PSOE ignora la petición de amparo de la militante que denuncia el acoso sexual del secretario de la agrupación socialista de Torremolinos nada menos que seis veces. Seis. «Temo por mi integridad física, va a venir a por mí», dice la denunciante la segunda vez. Al mismo tiempo, las denuncias por acoso a Francisco Salazar, colaborador en Moncloa, tampoco son tenidas en cuenta. Tiene derecho, claro, a la presunción de inocencia. Pero son cuatro las mujeres que denuncian actuaciones siempre con el sexo de por medio, mientras se sube la bragueta literalmente en sus caras.

Humillaciones, lenguaje hipersexualizado y acoso directo desde una posición de poder. ¿Dónde está la manifestación morada? Porque yo no la veo. Y esto ya es algo más que el gravísimo piquito de Rubiales, que sí llenó la calle. Pero para eso, amigas y amigos, hay que pensar -y actuar- fuera del grupito identitario, quitarse esa venda de la cara, tener sentido crítico, pensar fuera del grupo o, simplemente, pensar. Y es una pena haber llegado a esto, a este radicalismo tan estéril, que se deja los hechos objetivos atrás porque no los necesitas, porque ya tienes varios colectivos que piensan por ti.

*Escritor

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