Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | A pie de tierra

Aberración

«Creo que el edificio de la civilización está siempre en peligro de derrumbarse y que hace falta una continua vigilancia para sostenerlo. Lo inaudito siempre puede suceder. Lo que parecía inimaginable porque era infernal se convierte en cotidiano. De un día para otro un país civilizado y desarrollado puede hundirse en la barbarie...», afirmaba Antonio Muñoz Molina en esa joya de libro que sigue siendo años después de su publicación Todo lo que era sólido. Recuerdo sus palabras tras leer una noticia espeluznante, que me ha estremecido y horrorizado a la vez. Siempre he sabido que el ser humano es capaz de lo mejor y también de lo peor, pero fui cumpliendo años sin perder la esperanza de que alguna vez aprendiéramos de nuestros errores y pusiéramos la historia al servicio de la educación y la experiencia, para no caer en las aberraciones que otros antes que nosotros cometieron; a todas luces, inútilmente. Cabría suponer que después de tantos desastres y abusos como hemos conocido, el ser humano trataría de enmendar la senda para no reiterar sus ignominias, pero compruebo con espanto que los miles de años transcurridos sobre la Tierra sólo le han servido para, si acaso, perfeccionar su lado oscuro y alcanzar cotas de depravación realmente increíbles.

Que en el transcurso de una guerra, más aún si es fratricida, se vivan abusos y se cometan crímenes brutales entra, por desgracia, dentro de lo habitual; pero que se aproveche para incurrir en la mayor de las bajezas, hasta el punto de pagar cantidades desorbitadas de dinero para asesinar impunemente a otras personas, roza lo inconcebible y hace difícil no sentir vergüenza de nuestros congéneres. Hablo, como quizá ya han adivinado, de la práctica denunciada por el escritor Ezio Gavazzeni y los abogados Nicola Brigida y Guido Salvini sobre la organización de safaris humanos durante la no tan lejana guerra de Bosnia; hechos que investiga ahora la fiscalía de Milán tras ser destapado el caso por el antiguo analista militar bosnio Edin Subasic, que relató su experiencia en el documental Sarajevo Safari -cuyo editor, Dzemil Hodzic, vio caer a su hermano de 16 abatido por un francotirador cuando él tenía sólo 12-, y la exalcaldesa de Sarajevo Benjamina Karic, actual regidora de Novo Sarajevo y abogada, quien vivió el asedio en el barrio de Grbavica, el más batido por los francotiradores.

Según parece, entre los años 1992 y 1995, algunos ricachones habrían viajado a Sarajevo aprovechando los vuelos humanitarios para, una vez allí, guiados por fuerzas especiales serbias, participar en cacerías humanas; hecho que habría sido confirmado por la antigua agencia de inteligencia italiana (SISMI). Presuntamente, se apostaban como francotiradores en las colinas y desde allí disparaban a civiles cuando eran escoltados por las milicias serbo-bosnias. Serían viajes de fin de semana, por los que se pagarían entre 80.000 y 100.000 euros; precio que variaba según la víctima fuera un soldado, un civil adulto, una mujer normal, una mujer embarazada o un niño, a los que precisamente habrían correspondido las tarifas más altas. Todo, tan degradante, que cuesta incluso creerlo. Sin embargo, lo cierto es que el asunto está fiscalizado en Italia y también en Bosnia comienzan a moverse las cosas en el mismo sentido, por lo que cabe dentro de lo posible que en unos años se conozcan los entresijos de tan aberrante práctica y salgan a la luz los nombres de los desalmados que participaron en ella. ¿Qué clase de monstruos habitan entre nosotros? ¿Hasta dónde puede llegar la perversión humana?

*Catedrático de Arqueología del a UCO

Tracking Pixel Contents