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Opinión | La vida por escrito

Miguel Aguilar

A la vejez, sexo

Es un error creer que la sexualidad se va con la edad, cuando la realidad es bien distinta. En los últimos años, la investigación sobre la vida íntima de las personas mayores revela que, a pesar del envejecimiento, y una menor frecuencia de las prácticas sexuales en pareja, muchas personas siguen valorando su sexualidad.

El sexo no solo enriquece la vida, sino que contribuye a una mejor salud mental y física. Por ejemplo, la actividad sexual en la vejez se asocia con relaciones más sólidas y un mayor bienestar general. Con el envejecimiento de generaciones como los baby boomers, que ya superan los 70 años, entender estos comportamientos se vuelve esencial, pues esta población crece rápidamente y desafía los viejos estereotipos.

Históricamente, los estudios se han centrado en el sexo en pareja, y han ignorado una actividad sexual tan importante como la masturbación. Las mujeres se masturban menos que los hombres, y esta práctica disminuye con la edad, aunque las cifras varían según el contexto cultural. En una encuesta reciente desarrollada en Europa, entre personas de 60 a 75 años, el 41-65% de los hombres y el 27-40% de las mujeres declaran haberse masturbado durante el último mes.

La masturbación se vincula con el bienestar sexual y la satisfacción, aunque los resultados son mixtos: para las mujeres, el 40% de los estudios no encuentra relación, el 33% una negativa y el 27% una relación positiva. En general, las mujeres la usan como complemento al sexo en pareja, mientras que los hombres la ven como compensación por su ausencia. En cuanto a la salud, los hallazgos son inconsistentes; algunos indican que hombres con peor salud se masturban más, y otros no ven asociación. Para las mujeres, podría haber menor prevalencia en malas condiciones de salud, pero un estudio ligó la frecuencia de la masturbación con mejor memoria verbal.

Los juguetes sexuales emergen como una herramienta clave en esta etapa. Diversas encuestas muestran que su uso es común: en Alemania, el 53% de las mujeres y el 52% de los hombres los han probado en pareja, pero más mujeres (53%) que hombres (37%) los usan en solitario. En seis países europeos, el 37% posee juguetes, principalmente dildos y vibradores. Su popularidad crece gracias a una mayor aceptación social y un auge durante la pandemia de COVID-19, con un pico en ventas y uno de cada cinco encuestados expandiendo su repertorio sexual, incluyendo juguetes en pareja.

Ciertos estudios sugieren que los juguetes sexuales mejoran la calidad de vida; por ejemplo, se asocian con mayor placer, y en intervenciones con parejas heterosexuales, más del 75% reportó mayor satisfacción tras usarlos. Con la edad, las prácticas sexuales se diversifican, y los juguetes reemplazan el coito con penetración en casos de problemas como la disfunción eréctil. Además, como más mujeres mayores viven solas por viudedad, divorcio o por libre elección, los juguetes ganan relevancia, y las empresas los adaptan para ellas.

Un estudio reciente de la Universidad de Indiana, basado en una muestra representativa de 3.001 mujeres estadounidenses mayores de 60 años, aporta datos específicos sobre juguetes. Entre quienes se masturbaban al menos una vez al año, el 46,4% usaba juguetes casi siempre o siempre, frente al 5,1% en sexo en pareja. De las que tuvieron actividad con pareja en el último año, el 38,7% los usó al menos de vez en cuando.

Es de destacar que una mayor frecuencia del uso de juguetes sexuales en personas mayores se correlaciona con orgasmos más frecuentes: las usuarias habituales, ya sea en masturbación o pareja, declaran experimentar orgasmos casi siempre, comparado con las de menor uso. Esto desafía prejuicios y resalta similitudes con lo que ocurre entre las jóvenes.

*Profesor de la UCO

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