Opinión | No ni na
El himno
Ha dicho Alejandro Rojas Marcos, joven promesa del andalucismo popular promovido por estos de ahora, que hay que cambiar la letra del himno andaluz, obra de Blas Infante, para hacerla inclusiva. Como Carmen Calvo quiere hacer con la Constitución del 78, corregida por Cela, uno que ganó el Nobel. En concreto, se ha propuesto que los versos «Los andaluces queremos/ volver a ser lo que fuimos/ hombres de luz que a los hombres/ alma de hombres les dimos» sean desdoblados parcialmente para decir que «los andaluces queremos/ volver a ser lo que fuimos/, gentes de luz que a hombres y mujeres alma les dimos».
Hombre (o mujer), así de primeras, un poner, va mi voto en contra por razones estrictamente métricas, sin entrar en otras consideraciones. A esto hay que darle vueltas aún, que lo veo muy verde. El himno de Infante viene a ser una sucesión de octosílabos con rimas consonantes en los pares en tiradas de cuatro versos. Lo que viene a ser una variedad del romance en la tradición (ejem) castellana oral y literaria. Para pasmo del nacionalista andaluz, suponemos, en el caso de que exista alguno.
Y ya nos ha jodido mayo el plan. Infante tiró de sinalefa para que le cuadrase la cosa pegando dos sílabas en una («hombres de luz que-a los hombres»). Además, tuvo que alargar las vocales («alma deeeee hoooombres le diimos») para casar la letra con la partitura del tradicional canto de siega Santo Dios a costa de liarla con la sintaxis. Con esta propuesta, no hay Juan Ramón ni Alberti que te cuadre el desaguisado. Ni metiéndole una radial y un berbiquí hay forma humana de tener un aseado himno andaluz bajo los sones de la flauta dulce escolar el día en que se reparte pan y aceite.
Ni que decir tiene que meter «gentes» de sopetón en el undécimo verso es sospechoso. Resulta que es sustantivo no contable, al tener forma singular y contenido colectivo. El plural va de suyo, digamos. Y ya que desdoblamos «hombres y mujeres», una crítica literaria basada en una visión igualitaria del género nos dirá que «andaluces y andaluzas», copón, que a ver ese heteropatriarcado. Cierto y verdad que la anáfora original vendría a acabar en «andaluces y andaluzas queremos volver a ser lo que fuimos, hombres y mujeres de luz que a hombres y mujeres almas le dimos». Un caos cacofónico, en resumen.
Puestos a confiar, confíen. Que seguro que alguien tiene una propuesta mejor. Aunque, lo primero, sería aclarar si al final de los finales cantamos «España y la humanidad» o «los pueblos y la humanidad», que a veces no sé si estamos en Hungría, en Dinamarca o qué. Y así no hay manera de tener una realidad nacional integradora, solidaria, atenta a las tendencias sociológicas más sensibles a los tiempos. Que cada cual canta lo que le parece, como le enseñaron cuando hizo la comunión, y eso ni es pueblo soberano ni es nada.
*Periodista
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