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Opinión | El Trasluz

Que tengan un buen día

Una imagen del Congreso de los Diputados.

Una imagen del Congreso de los Diputados. / EP

Alguien le da a la rueda o al botón de subir el volumen y el Congreso se convierte en una olla febril de decibelios. La palabra 'congreso' proviene del término latino congressus y significa “avanzar juntos” hacia un propósito común. Tal como están las cosas, habría que cambiarle el nombre: Singresus, o sea, avanzar desunidos hacia el caos. ¿Pero quién sube el volumen? ¿Y lo hace con un mando a distancia o da órdenes de viva voz?

Cuando el griterío está a punto rompernos los tímpanos, apagamos la tele, pero incluso con la tele apagada se escuchan los alaridos procedentes de la Carrera de San Jerónimo. El televisor vive después de apagado del mismo modo que, según algunos, hay vida después de la muerte. Se cuentan casos de personas con electroencefalograma plano que se salen del cuerpo y se ven a sí mismas desde el techo y atraviesan las paredes para escuchar lo que hablan los pacientes de las habitaciones colindantes. Le teoría dice que el cerebro se parece a un receptor de radio o de televisión: aunque lo desconectes, Pasapalabra continúa existiendo. Y no solo continúa existiendo, sino que la llevamos tan interiorizada que seguimos viéndola con la pantalla en negro. Cuando sorprendas en el autobús a alguien con los ojos cerrados, es porque está viendo dentro de sí un informativo de Antena 3 o de Telecinco, según gustos.

Yo, ahora mismo, estoy completamente aislado, en mi cuarto de trabajo, poniendo toda mi energía mental en la redacción de estas líneas, pero mi cerebro hace los ruidos típicos de la radio cuando hay interferencias. Entre frase y frase se cuelan, a mi pesar, fragmentos de los insultos que intercambian en el Singreso los padres de la patria. No hay forma de apagar la radio, de apagar la realidad. No es necesario que sigas las noticias porque las noticias te siguen a ti. Te persiguen, te acorralan porque los poderes fácticos, sean quienes sean y estén donde estén, han decidido subir a distancia el volumen de los electrodomésticos. A veces se equivocan y bajan la temperatura del frigorífico. Ayer saqué de la nevera un yogur completamente helado, como si llevara siete horas en el congelador. Es de locos, en fin.

Que tengan ustedes un buen día. 

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