Opinión | Hoy
La genética de nuestra Historia
Habría que ir modificando el mito de lo que los españoles somos, porque nuestra genética ha ido cambiando con los siglos. Los tiempos con Roma crearon un tipo de español (aunque hay que admitir que sólo en las regiones que tuvimos la suerte de ser romanizadas; las que no, aún andan en su caverna). Vinieron los visigodos y los casi ocho siglos de Reconquista. Todas las regiones pasaron por ser fronterizas, con sus zozobras, sus penurias y sus inseguridades, generación tras generación, hasta fraguar otra nueva genética. Del Cantábrico llegamos al Mediterráneo, y con tal inercia de guerrear y vivir en vilo que no pudimos pararnos, no aceptamos límites, y seguimos hacia el cielo con la mística y hacia más allá del mar con la inmensa epopeya que supuso el descubrimiento y colonización del otro medio mundo, empezando por América. Porque sólo cuando un pueblo asume como suya cualquier empresa, a todos los niveles, familiar, económico, político, religioso, cultural, dicha empresa se realiza. Cuando la empresa sólo es una propuesta de las clases dirigentes, acaba fracasando en una disociación ruinosa para todos.
En esos siglos tras la Reconquista, empezó a diluirse nuestra genética medieval; murieron aquellos ideales a manos de epidemias, hambrunas, guerras, desastres económicos, militares y sociales, y cuando ya no tuvimos más enemigos fuera, nos convertimos en enemigos de nosotros mismos. La mística acabó en la Inquisición; el afán de emprendimiento, en la sangrante guerra de la Independencia, en las guerras fratricidas carlistas, en una burguesía egoísta, avara, viciada, pacata, y, por último, en una última guerra civil, con su exilio y su dictadura. Así hasta aflorar la mutación genética del espécimen de ahora. El españolito de esta última mutación actual se caracteriza genéticamente por formar una masa informe, anodina, acomodaticia, hipócrita, sectaria, dividida en rebaños de cada uno para sí mismo y para el macho cabrío que lo conduce, alto, hierático, distante, de luenga barba y belfo pánico, que rebuzna, relincha, grazna y bufa por el hocico de su más estulticia, y nos va hundiendo cada día más en más cretinismo, para que no nos cansemos de seguirlo, dando con el belfo en la vereda.
Esta genética florece, medra y multiplica en todo su esplendor. ¿Será la definitiva? ¿Qué tendría que ocurrirnos para superarla y que se produjese otra mutación? ¿Dicha mutación sería para peor? No lo creo; peor no puede ser; si acaso, para acabar diluyéndonos en la nada de la perpetua necedad, cretino a cretino. ¿Qué dirían si nos viesen nuestros antepasados romanos, visigodos, medievales, desde sus páginas de Historia?
*Escritor
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