Opinión | El trasluz
Digestiones mentales

Termitas devorando madera. / Filipe Fortes
Cuando tengo una mala digestión de una buena comida, pienso en las termitas, tan pequeñas, triturando con sus potentes mandíbulas la madera, por ejemplo, de una librería a través túneles sombríos, masticándola luego al tiempo de mezclarla con sus jugos digestivos para asimilar la celulosa, que, ya en sus entrañas, se transforma en los azúcares que constituyen la fuente básica de su metabolismo. Todo ello sucede en un trayecto corporal de cinco o seis milímetros en los que cabe un complejo laboratorio intestinal habitado por millones de microorganismos (imagínense de qué tamaño). A la que te descuidas, una familia de termitas devora un palacio de caoba porque trabajan en silencio y desde la invisibilidad absoluta. De vez en cuando, quizá descubras debajo de un sillón que hace tiempo que no mueves un montoncito de serrín que barres sin imaginar siquiera que el mueble está ya prácticamente hueco.
Las termitas inventaron el Caballo de Troya. Viajan de continente en continente en juguetes de madera o en simples perchas hurtadas del hotel que te llevas a casa para quedarte al poco sin el viejo aparador de la abuela. Este insecto debe de simbolizar algo, de otro modo no me interesarían tanto, pero ahora no caigo porque estoy en plena digestión mala de una buena comida. Me interesan mucho los aparatos digestivos, en general, también el de la polilla de la ropa, cuyas larvas producen enzimas capaces de descomponer las proteínas presentes en las fibras textiles. Tiene gracia, ¿no?, que un día, al probarte una chaqueta de tu padre muerto salga volando, de uno de sus bolsillos, una mariposa, como si fuera el espíritu de tu progenitor, quizá lo sea. No sabemos nada de la vida. Creo que el sudor de las prendas de vestir en las que colocan sus huevos proporciona a las larvas unos nutrientes extra. Enhorabuena.
Ya digo que todo esto de las diferentes digestiones de los seres vivos debe metaforizar algo que ignoro. Personalmente, cuando me cuesta digerir una mala noticia, suele caerme también mal la comida. Como si hubiera una relación entre las digestiones mentales y las físicas. Debe de ser eso lo que me pasa.
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