Opinión | Editorial
¡Basta ya! en Gaza

Desde 2023, al menos 56 periodistas han muerto en Gaza bajo el fuego del ejército de Israel. / EFE
Desde el año 2023, al menos 56 periodistas han muerto en Gaza bajo el fuego del ejército de Israel. No hay unos muertos más importantes que otros. Y nunca se debe olvidar de que las víctimas principales son los civiles palestinos que han muerto en esta ofensiva que se cuentan por decenas de miles igual que lo fue el millar de israelís que murió en los ataques de Hamás, por mucho que la desproporcionada respuesta impuesta por Benjamín Netanyahu los haya hecho caer en el olvido. Lo que está ocurriendo en Gaza ha dejado de ser desde hace muchos meses la respuesta a un desafío terrorista para convertirse en algo que los tribunales internacionales deberán dirimir si está siendo un genocidio porque tiene casi todos los atributos para serlo con lo que sabemos. Y, desgraciadamente, lo que sabemos es poco y menos lo que podemos acreditar con fuentes independientes. Unos vetan a quienes no asumen su versión y los otros se dedican a perseguirlos, a presionarlos, a amenazarlos y finalmente a asesinarlos. No hay argumento que justifique ninguna muerte, pero en el caso de Gaza a día de hoy, el ejército israelí está incumpliendo todos los protocolos internacionales en materia de conflictos bélicos. Los más graves incumplimientos los hemos visto en el ataque a personas que se encontraban recogiendo alimentos en zonas declaradas seguras, así como los ataques a objetivos civiles perfectamente identificables como es el caso de los hospitales. Todo esto se ha hecho bajo el inadmisible argumento de que ocultaban actividades de Hamás.
En esta misma línea, los principales medios de comunicación hemos decidido apoyar la acción que promueve este lunes 1 de septiembre la organización Reporteros Sin Fronteras para exigir una convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para instar a Israel a cumplir la resolución 2222 que protege la integridad personal de los periodistas en zonas de conflicto bélico. Israel debería cumplir esta resolución y todo el paquete de las que exigen la protección de la población civil. De lo contrario, nos alejamos del escenario de una guerra para instalarnos definitivamente en el del genocidio. Si la primera víctima en una guerra es la verdad, en este caso los periodistas que la persiguen están pagando con su vida la defensa del derecho a la información de los ciudadanos, empezando por los de Israel y Palestina y siguiendo con los del resto del mundo. Es nuestra obligación pedir que cese la violencia en esa región para permitir que también los periodistas pueden cumplir con su deber como garantes de un derecho que no es suyo sino de la ciudadanía.
La barbarie que capitanea Netanyahu no justifica en ningún caso que el periodismo traspase la frontera de la independencia y se convierta en activismo ni en un sentido ni en otro. El pueblo palestino es víctima, en primer lugar, del terrorismo de Hamás al que en ningún caso se puede responder cómo lo está haciendo el actual gobierno israelí. Si Netanyahu persevera en esta espiral y trata de eliminar los ojos independientes del periodismo es porque, posiblemente, sabe que la población civil de Israel no podría soportar tener una visión ajustada de lo que está pasando. Israel, sea por presiones internas o externas, debe volver a respetar la legalidad internacional, solo así el periodismo dejará de ser una víctima de esta barbarie insoportable.
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