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Opinión | ENTRE VISILLOS

Una ronda de solidaridad

Fundación Prolibertas, Cáritas y otros colectivos sociales en apuros reclaman el respaldo ciudadano a su necesaria labor

Por una de esas curiosas maniobras del azar, ha coincidido en el tiempo, días arriba o abajo, que la Fiambrera de Plata honorífica otorgada este año por el Ateneo de Córdoba haya ido al comedor social de los Trinitarios, justo cuando la Fundación Prolibertas, entidad que lo gestiona, lanzaba un SOS pidiendo ayuda ciudadana para mantener el servicio al estar agotándose sus recursos. Unos 140 almuerzos diarios reparte en su sede del Marrubial entre quienes viven en el límite de la marginalidad o lo han cruzado, en un camino la mayoría de las veces sin retorno. Y no solo eso, en su lucha por prevenir o al menos paliar el deterioro físico y psicosocial de personas sin hogar en sus distintas modalidades –transeúntes sin un céntimo, inmigrantes, temporeros solicitantes de asilo, mayores desarraigados... - también facilita aseo, ropa y lavandería. No se trata únicamente de dar peces, sino de enseñar a pescar, porque a organizadores y voluntarios les mueve el deseo de favorecer ante todo el proceso de rehabilitación e inclusión social de estas gentes al borde del abismo, aunque para ello deban nadar a contracorriente de la pobreza, la injusticia y la desigualdad.

Bueno, pues todo esto atraviesa horas bajas por la misma razón que otros muchos colectivos solidarios de la ciudad están viéndose perjudicados, la entrada en liza de la tarjeta monedero. Ésta viene a sustituir a los fondos de la Ayuda Europea para las Personas Más Desfavorecidas (FEAD) que hasta ahora se entregaban al Banco de Alimentos para su posterior distribución. Y la idea, en principio, no es mala, pues se pretende que este medio de prepago para compra de alimentos y otros artículos de primera necesidad beneficie a los más necesitados, sean familias sin recursos o habitantes de la calle, sin estigmatizarlos al señalarse como pedigüeños; digamos que con ello la indigencia se hace más anónima. Pero el desconocimiento por parte de muchos posibles destinatarios –la miseria se lleva mal con la burocracia-, la cobertura limitada y deficiencias en la distribución que complican el acceso al nuevo sistema a los más vulnerables han generado desconfianza en los usuarios y complicado el trabajo de quienes los atienden. En el caso del comedor trinitario sus responsables han dejado de recibir al menos 25 palés de productos no perecederos, por lo que llaman a la solidaridad de los cordobeses para que los suplan en especie o en dinero a través del bizum 38351.

Esta situación además afecta a la segunda asistencia de Prolibertas, el centro de día, que, por falta de medios, tendrá que cerrar los viernes por la tarde. Precisamente cuando más se requieren sus instalaciones como refugio contra el calor. Por suerte otras entidades están al quite del mismo problema, que en estas fechas -como en la crudeza de invierno- se ceba con los sin techo. Aparte de la casa de acogida del Ayuntamiento, una furgoneta de Cruz Roja recorre tres días a la semana la ciudad para darles comida, refresco y un rato de compañía si la admiten. También los cobija el centro Madre del Redentor como un servicio más de los que presta Cáritas, afectada igualmente por la disminución de ingresos. Esta institución diocesana, que está celebrando sus 60 años de acción en Córdoba, acaba de lanzar la Campaña del Corpus como una forma de dar a conocer con cifras y transparencia la actividad social de la Iglesia. Pero, sobre todo, busca llamar a la conciencia de quienes con sus donativos pueden solucionar problemas concretos y mucho más, porque como dice el lema escogido para la ocasión, Mientras haya personas hay esperanza. Y la esperanza, como saben el comedor trinitario y los demás colectivos, es lo último que se pierde.

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