Opinión | Memoria del futuro
«Cuba y Groenlandia»
En nada se parece la geografía física y humana de ambos territorios y, sin embargo, presentan algunos perfiles históricos similares que pueden llegar a ser semejantes o idénticos en su geografía política en los siguientes meses. Ambos territorios están próximos, demasiado cercanos, al gigante norteamericano. Cuba lo estaba antes de que los Estados Unidos fuese un imperio, Groenlandia lo está cuando el imperio ya está tan consolidado que empieza a oler a decadencia. En todo caso, la doctrina del presidente Monroe nacida en los años veinte del siglo XIX, que abogaba por la necesidad de que el destino de las jóvenes repúblicas americanas quedase fuera de cualquier dependencia europea, será luego utilizada por el presidente McKinley para reivindicar el derecho natural que le asistía a Estados Unidos en relación con Cuba. McKinley también ha sido citado por Trump en el discurso de investidura del pasado día 20 de enero.
Las misiones exploradoras de Humboldt por la América hispana mostraron a Jefferson la riqueza e importancia que aquellas tierras podrían tener para el crecimiento de los Estados Unidos. México y Cuba ya eran un obstáculo para ganar más espacio comercial y territorial en la región. Y México primero y Cuba después, pasarían a formar parte de la nación de las barras y estrellas. México perdiendo una fracción importante de su territorio al norte del Río Grande. Cuba cayendo bajo el control político y económico del naciente imperio durante décadas. California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas, que formaron parte de la Nueva España y luego de México, les fueron arrebatadas por la fuerza de las armas.
El caso de Cuba me recuerda mucho a lo que estoy oyendo y leyendo en estos días que parecen meses de tanto acontecer. Los independentistas cubanos promovieron tres guerras contra la metrópoli, en las que el papel de Estados Unidos fue de observador, luego de financiador y avalador del movimiento y, finalmente, de actor principal en la guerra. La prensa norteamericana y la opinión pública generaron una corriente favorable a la independencia y luego a la anexión de la isla. Como ahora con Groenlandia, también Estados Unidos hizo propuestas a España para comprar Cuba. Incluso sus embajadores en Europa se reunieron en Ostende en 1854 para elaborar un Manifiesto con el nombre de esta ciudad belga, en el que fijaban las condiciones de la oferta de compra que se planteaba con un vicio en la voluntad del vendedor evidente:o aceptaba la compra, o Estados Unidos podría declarar la guerra a España y ocupar la isla «por la gran ley de la autoconservación». La posesión española ponía en grave peligro la paz interna y la propia supervivencia de la Unión, llegaron a afirmar en el Manifiesto. Por determinadas circunstancias que aquí no puedo exponer, este documento cayó en olvido durante un tiempo. Fue así hasta la década de los años setenta, cuando el apoyo al independentismo se hizo más evidente, y volvió a recuperarse la idea de compra o invasión. El propio general Prim, presidente del gobierno en 1870, vista la realidad de las amenazas del gigante norteamericano, exploró mediante diplomacia secreta la citada venta, pero el atentado que acabó con su vida frustró esa posibilidad.
Estos hechos suenan muy parecidos a la situación actual en relación con Groenlandia. Trump por segunda vez ha ofrecido la posibilidad de comprarla y amenaza con fomentar el movimiento independentista y, además, intimida con la opción de ocupar militarmente la gran isla del Ártico.
En el siglo XIX la implicación de Estados Unidos en la guerra contra España, fue la primera apuesta expansionista fuera de su territorio y supuso el punto final para el viejo y desgastado Imperio español y la toma de posición en toda América de la doctrina de «América para los americanos», que en principio solo quería decir que los europeos sacaran sus manos de aquellas tierras, pero que luego el ya mentado Mckinley transformaría en la concepción del «derecho natural» a controlar el continente por parte de los Estados Unidos. La victoria sobre España y el Tratado de paz de París de 1898 colocaron a los independentistas cubanos bajo la dependencia efectiva de los Estados Unidos. El primer gobierno en Cuba tras el dominio español, fue un gobierno militar de los Estados Unidos, desde 1898 hasta 1902, en que fue nombrado el primer presidente cubano. Poco duró la situación porque de nuevo el ejército yankee ocupó el poder desde 1906 a 1909. Ya no habría más invasión militar, aunque la influencia política y comercial siempre estaría presente hasta 1959.
En definitiva, la Guerra hispano-norteamericana de 1898 quedaría como el primer ejemplo del afán imperialista estadounidense. Ahora la retórica de Trump vuelve a utilizar los mismos argumentos también con el Canal de Panamá y con Canadá. Argumentos que recuerdan peligrosamente a los empleados por el régimen nazi con relación al espacio vital alemán, el lebensraum, que hacía necesario ocupar los países fronterizos y más allá, hasta la propia Rusia. La geopolítica sin reglas parece haber vuelto. De momento, pocos se oponen abiertamente por temor arancelario. Muchos abogan por la política del apaciguamiento, curiosamente la misma de Chamberlain. En este escenario, antes o después Europa debe mostrar unidad, lo cual es bastante complicado con gobiernos de ultraderecha claramente pro-Trump.
No quiero pensar que Groenlandia o Panamá sean Checoslovaquia, menos aún que Canadá sea Austria o, peor aún, Polonia. Desde luego, los canadienses tienen en mayor valor a su democracia que los austríacos de 1938. Tampoco quiero pensar que los inmigrantes sean los judíos de entonces. Sin embargo, es imprescindible que aquellos pueblos que todavía tengan dignidad recuerden que todo es posible en esta era de desorden en la que el que un día se autonombró guardián del orden global, ahora es el principal agitador del avispero mundial. Y pronto habrá elecciones en Alemania y luego en Francia en 2027. No quiero seguir pensando en que todo se parece tanto al pasado que me da miedo hasta pensar. Tengo en mente otra ecuación con la incógnita de China, que seguramente compartiré en pocas semanas, pero espero que sea errónea y en ese caso no tenga que publicarla.
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