Navidad de 2024. La Tesorería General de la Seguridad Social ha tenido a bien celebrar la Nochebuena con un requerimiento a muchos empresarios para pagar, como mucho en Nochevieja, un céntimo por unas supuestas diferencias de cotización de enero y febrero de 2024.

Vuelvan a leer el párrafo anterior, por favor...

¿Ya? ¿A que parece una patochada del día de los inocentes? Pues no lo es. No.

Esta barbaridad refleja con toda crudeza la situación actual del Estado español y su administración periférica. Y de las comunidades autónomas, no se crean. Por no hablar de las Diputaciones, Cabildos y demás. La burocracia, la precariedad laboral, la falta de personal y la mecanización automática de tareas se han adueñado del aparato. Los funcionarios son minoría ante los empleados públicos. Las élites del personal de la Administración huyen despavoridas a la empresa privada, que les ofrece, además de mejores sueldos, el no tragar con sapos de mandos temporales, ignorantes y elegidos digitalmente entre la medianía de afiliados de éste o aquel partido político.

Pero al mismo tiempo, desde la Administración pública se le pide al ciudadano que sea obediente a la hora de transigir con citas previas artificiales, artificiosas e innecesarias para cualquier trámite. Que pague religiosamente sus impuestos. Que aguante estoicamente las listas de espera. Que no se queje del mal estado de la Nacional IV. Que no le importe que su demanda de justicia se resuelva cuando el tiempo la haya vuelto inútil. Que no le importe jubilarse cada vez más tarde y con menos recursos. Que no maldiga cuando el lodo lo arrasa todo y allí no cumple ni Pirri… Que se joda, vamos...

Siempre recordaré aquellas buenas intenciones institucionales a que obligó la crisis de 2008. Que duraron, como dice Sabina, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, ¿verdad?

¿Dónde quedaron aquellas promesas de eficiencia, austeridad y economía? Si volvemos a releer el primer párrafo y lo pasas por el tamiz de esas tres premisas, la desilusión ciudadana cae sobre nosotros como la fina capa de ceniza que todo lo impregna tras la erupción volcánica. Hoy asistimos con desgana, pasotismo y desidia a la desmembración y aniquilación del sistema público. Ese sistema que debería servir de paraguas para asegurar un mejor futuro.

Sin embargo, cada día parece más claro que la generación milenial será la primera generación, desde el siglo XIX, que viva peor que sus padres. Aún estamos a tiempo, no desperdiciemos éste, espero y deseo, feliz 2025.

*Funcionario público y miembro de la Plataforma Unidos por el Agua