Opinión | Hoy

La mariscada

No me refiero a ningún canto épico, como ‘La Iliada’, o ‘La Orestiada’, o ‘La Araucana’, en el que se canten las hazañas de nuestros poderosos a la hora de comer mariscos y combatir con ellos, fruto de cuyas heroicidades surgen esos héroes con esas barrigas orondas, esas papadas de mastines y esas carrilladas de perros perdigueros. Me refiero a esa vorágine de comilonas en las que batallamos estos días. Vaya por delante que no estoy en contra de fiestas y celebraciones, y que no soy aguafiestas, ni malasombra, ni carcunda. Los seres humanos somos seres sociales, necesitamos reunirnos para compartir, reír, hablar, aunque sea a base de destripar al ausente, arrancarle la piel a tiras y hacernos con ella unos buenos guantes. Debemos celebrar, pero no debemos olvidarnos de que a la puerta del restaurante, en la esquina de cada calle por donde volvemos ahítos a nuestra casa, nos mira otro ser humano en el completo frío y en la completa indigencia. Y no sólo estos seres humanos, sino tantas y tantas familias en el anonimato de sus cuchitriles, en la humillación de pasar por los escaparates de nuestra opulencia, por las publicidades de nuestras televisiones, nuestros móviles, nuestras radios, y tener que callar y seguir sin esas mariscadas, sin esos dulces, sin ese abrigo, y con la violencia de vernos tirar y tirar comida. Está bien que celebremos, pero no está bien tantos platos llenos a la basura, a los contenedores y a los estercoleros. La fiesta es humana; el derroche es inhumano y es injusto, se piense lo que se piense, se quiera buscar la justificación que se quiera buscar. Los seres humanos no podemos permitirnos esta constante violencia de tirar al basurero lo que la vida nos regala.

*Escritor

Tracking Pixel Contents