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Opinión | Palabras para Andrómina

Los Machado

La exposición sobre los hermanos revoca la mentira del enfrentamiento entre ambos y, de soslayo, el mito de las Dos Españas

La exposición sobre los Machado en Sevilla, con el atinado subtítulo de Retrato de familia, en la antigua Real Fábrica de Artillería (¡qué ironía!) revoca la mentira del enfrentamiento de los dos hermanos, y de soslayo, el del mito de las Dos Españas que Antonio pergeñó en un poema suyo. Porque descansa sobre la vida y las imágenes que les unieron en el indolente curso de la historia. Esa historia que los puso a cada uno en un bando diferente de la guerra civil, siendo del mismo antes del 18 de julio, como ocurrió a tantas otras familias.

Antonio desde el lado correcto de la historia y Manuel, por azar, en el lado oscuro siendo apresado en Burgos, a donde acudió a una visita familiar, por los rebeldes, salvando su vida y queriendo ser un superviviente, a lo que se adaptó con amargura y la escritura de algún poema laudatorio al régimen, como Antonio también lo escribió a Rusia. Y el contraste entre el estilo de vida de cada uno, Manolo bohemio y descreído nihilista, Antonio puro y recatado y casi asceta, también influyó en la imagen distorsionada y en el supuesto incompatibilidad de los hermanos que nunca hubo. Manuel era el mayor y se quisieron como hermanos hasta el fin de sus vidas, más precaria la de Antonio, cuyos sucesivos traslados durante la guerra -él que quería quedarse en Madrid- lo llevaron a la muerte en Colliure en 1939. Manuel murió en 1947 con la amargura pétrea del pasado.

Pero sólo el tiempo y la historia puso la distancia entre ellos, siempre tan cercanos en el pensamiento, como lo demuestra un poema que tras su muerte escribió Manuel a Antonio y que usa como arranque el verso de Antonio «¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!». El poema de Manuel Ecos dice así: «¿Qué tiene este verso madre, / que de ternura me llena, / que no lo puedo decir / sin que el corazón me duela … / De estas palabras sencillas / ¿qué puso Antonio en las letras?». Antes en plena guerra civil, en 1938 le escribió Antonio a Manuel desde Valencia: «Mi Sevilla infantil, ¡tan sevillana! / ¡cuál muerde el tiempo tu memoria en vano! / ¡Tan nuestra! Aviva tu recuerdo hermano. / No sabemos de quién va a ser mañana.»

En mi primera juventud yo prefería, dado su compromiso, a Antonio. Después, desligado de los prejuicios políticos puse en valor la mayúscula poesía de Manolo, seguramente el poeta más influyente en el siglo XX español, desde Lorca a la poesía de la experiencia y pasando especialmente por la generación de los 50; de su Mal poema, tan moderno, han bebido muchos poetas. Por fin puse en mi altar poético a los dos, reconociendo que la poesía de Manolo modernizó la española desde sus referentes franceses y que la de Antonio -muy influido por su hermano- era un mundo aparte por su sencillez, claridad, belleza y emoción. Poesía cumbre por la que no pasa el tiempo, como a Juan de la Cruz, Manrique, Góngora o Bécquer.

Y la exposición también señala su ascendencia familiar y cultural e incluye los Machado del núcleo familiar como el padre, Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), uno de los primeros folkloristas y estudiosos del cante flamenco en España. También a su abuelo Antonio Machado Núñez, médico, zoólogo y botánico, o la abuela Consuelo Álvarez Durán, pintora y recopiladora del romancero tradicional. Como detalle, se expone un cuadro de Julio Romero de Torres titulado Mujer con guitarra, que dedicó y regaló a Manuel, su amigo. En fin, un recorrido sin mochilas ideológicas, aunque sin excluir la realidad, de una entrañable visita por el mundo de los Machado, que también lo es por nuestra historia.

*Médico y poeta

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