Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna

Como se ha hecho toda la vida

Mucho se ha hablado esta semana de la rivalidad entre Broncano y Motos. Todo por algo que lleva pasando décadas. Aquí, una servidora, ha trabajado más de media vida en el mundo de la televisión, delante y detrás de las cámaras y doy fe de que los productores de los diferentes programas se reparten los invitados.

Creo sinceramente que el problema reside en la diferencia de edad y formas de trabajar de los dos equipos: uno joven y otro antiguo. Si Broncano hubiera sacado esta polémica en los años 90, el público se habría reído de él. Eran otros tiempos. Tiempos en los que los presentadores gritaban, insultaban y agredían muchas veces a su equipo, tanto en televisión como en la radio.

Si tiro de memoria, recuerdo a un famoso presentador tirándome un vaso de plástico a la cabeza para luego pedir perdón porque no iba dirigido a mí, sino al cámara. Como si eso me tuviera que dejar tranquila. No fue así. Otra estrella de la radio tiraba botellines de agua al cristal del técnico de sonido si este no lanzaba el corte a tiempo. Y otro presentador de tele utilizaba la ley del hielo en las pausas de publicidad, sin ni siquiera mirar a los ojos a su equipo, al que tenía esclavizado.

Dicho esto, lo de Broncano me parece una broma, pero puedo entender su malestar e imaginar la forma de trabajar del equipo de producción de ‘El Hormiguero’. Son fruto de una época en la que las cosas se hacían así: como se ha hecho toda la vida. No es de extrañar que luego el contenido de dicho programa sea, muchas veces, machista y rancio. Quizás el problema de Pablo Motos no sea tanto su manera de tratar al equipo -eso solo lo saben quienes trabajan con él-, sino su resistencia al cambio. Lleva demasiados años haciendo las cosas como siempre, en un formato que parece más interesado en repetir fórmulas que en evolucionar.

Esa frase tan habitual, «como se ha hecho toda la vida», siempre me ha inquietado. Es un refugio para quienes temen el cambio, para los que prefieren perpetuar dinámicas caducas antes que adaptarse a los tiempos.

Broncano, en cambio, representa algo distinto. Una televisión que no teme renovarse, que conecta con las nuevas generaciones y ofrece un espacio más fresco y cercano. Larga vida a él y a quienes, como él, apuestan por hacer las cosas de otra manera.

*Periodista

Tracking Pixel Contents