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Opinión | La columna

Las bases de Donald Trump

Quince días para una noche de esas que anudan el estómago. El 5 de noviembre Estados Unidos celebrará sus elecciones presidenciales, con Donald Trump y Kamala Harris casi en empate técnico, según las encuestas. La primera economía del mundo es un país partido en dos, donde es tan importante ganar como arrasar al adversario y donde la economía -el coste de la vida-, el control de las fronteras, el futuro de la democracia o el aborto son las grandes preocupaciones del electorado.

Cualquier pronóstico es arriesgado, pero la victoria de Trump no parece descabellada ahora, porque el republicano suele estar infrarrepresentado en los sondeos, porque la euforia en torno a Harris parece algo desinflada y porque tengo vivo mi viaje a Texas, capital del petróleo de EEUU y feudo republicano. Ningún candidato presidencial demócrata ha ganado en 48 años en el segundo estado por tamaño, población, riqueza y votos en el colegio electoral, solo superado por la California demócrata.

El respaldo al expresidente continúa alto -sin que importe su papel en el asalto al Capitolio o su frente judicial- entre los blancos, los hombres, los votantes sin título universitario, los cristianos evangélicos y parte de los latinos. Es así a pesar de su retórica vulgar, populista y retrógrada. El apoyo es mayor en los suburbios de las grandes ciudades, en los municipios pequeños y en las áreas rurales, donde el conservadurismo en torno a la raza, el género o la religión tienen un gran peso. La agenda proteccionista de Trump cala hondo ahí, igual que su obsesión por la frontera. Mucho tendrán que esforzarse los demócratas de Harris -que ganan en las grandes ciudades, entre los blancos, los afroestadounidenses y las mujeres- para movilizar a su electorado. Tirar de los Obama en estos últimos 15 días de campaña puede no ser suficiente.

*Periodista

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