Opinión | Colaboración
José María de Loma
Indagación en la hora del sopor
«¿Cuál es el tamaño ideal de la frente de un hombre?, ¿sabes que tipo de frente está de moda y cómo conseguir la medida ideal? En un rato nos lo explica el doctor no sé qué», afirma el presentador de un programa de tarde, un programa de siesta. La oferta para echar la siesta es variada, aunque similarmente embotante. Cae fuego fuera y subo el aire acondicionado, el hielo del café se derrite como sesos de espectador y un perro ladra en la calle como espantando el calor, el bochorno, el solazo infame e inclemente.
El sopor me abraza pero instintivamente me toco la frente. Mejor que tocarse otra cosa. No sé si la tengo de la longitud adecuada. De la proporción a la moda. Siempre se ha dicho que la frente ancha y despejada es cosa de listos. Dudo sobre mi frente. Me hago preguntas acerca de ella, medito sobre el flequillo, hago memoria sobre cómo eran mis peinados juveniles. Con tanto pensamiento de frente me despisto, no en vano ya me aconsejó mi coaching el pensamiento lateral.
Cambio de canal pero no quiero cambiar, quiero ver cómo es esa frente. Suena el teléfono y suenan notificaciones y alguien me envía un artículo de Vila Matas que goza de una gran frente de hombre inteligente y entonces me despisto leyendo y la siesta acaba abortada mientras la tarde se desparrama calentona y desafiante. Un repartidor llama a la puerta y pregunta por Mari Carmen. Me fijo en su frente pero no digo nada. Como no digo nada, el repartidor me pregunta si me pasa algo. Le digo que Mari Carmen creo que vive arriba y, confundido con la calor y la modorra, le doy un euro de propina, que es lo que hago cuando un repartidor de comida me trae algo. Pero él no trae nada para mí ni venía a mi casa ni reparte comida. No hay repartidores de felicidad y sí podría haberlos de agradables temperaturas. Se guarda el euro escéptico y arquea las cejas mucho, señal de que los músculos de su frente funcionan muy bien.
El canal que anunciaba lo de la frente a la moda está en publicidad, o era otro. Voy a la cocina a por agua y no puedo resistir la tentación de ir al baño a mirarme en el espejo. Tantos años juntos y aún no había estudiado mi frente. La gente juzgándola y yo sin hacerle caso. Tengo entradas, lo cual da a la frente una longitud extra y curvada por donde quizás pudiera penetrar alguna idea nueva. La de apagar la tele por ejemplo. Antes de hacerlo, anuncia una nueva ola de calor. Repaso mentalmente la frente de algunos amigos. Voy a crear un grupo de Whatsapp. Se va a llamar Frente popular.
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