Opinión | Entre líneas
Política de medalla y medallas políticas (I)
Política, deporte y dioses no han estado nunca separados del todo, más en la antigüedad, aunque hoy en día tampoco andan lejos
En las antiguas olimpiadas griegas los deportistas competían en pelotas. Era un acto de infinita religiosidad, no una frivolidad, una forma de demostrar a todos que habían cumplido sus sagrados votos preparándose los meses previos en honor a Zeus y que se habían formado con sus sacerdotes y entrenadores devocional, mental y, por supuesto, físicamente. Por eso, pero ya vestidos como Dios manda en esta época, hay que felicitar a nuestros olímpicos cordobeses Fátima Gálvez, Rafael Lozano, Juan Antonio Jiménez, Carmen Avilés... Y no por haber ganado en estas olimpiadas. Ni siquiera por haber participado, que a veces suena a un cúrsil consuelo, sino por haber cumplido un voto espiritual de esfuerzo con ellos mismos, la sociedad cordobesa y con su país y paisanos. Felicidades.
Pero hecho el preceptivo reconocimiento a nuestros héroes de París, hablemos olímpicamente de política, de deporte y de dioses, cosas que nunca han estado separadas del todo. Más aún en la antigüedad, donde saberes, creencias y ciencias se concebían de forma muy distinta. Por ejemplo, y como ya se ha apuntado, los asuntos sagrados no se diferenciaran de los ‘asuntos de la poli’, la política. De hecho hoy en día aún hay muchos, quizá demasiados, que no se enteran de que desde la Ilustración la religión, la política y el Estado se perciben separadamente.
En la antigua Grecia el ganador en Olimpia era recibido como un semidios y hasta se le abría una puerta en las murallas de su ciudad para que entrase con todos los honores. Era política pura, como en buena parte son las Olimpiadas de la época moderna para demostrar el peso de cada país en el mundo. Quizá el caso más extremo fue el caso de Hitler con los Juegos Olímpicos de 1936, aunque ahí está el que Rusia esté fuera de estos Juegos e Israel, por ejemplo, no. O aquella Olimpiada de Múnich donde el terrorismo entró de pleno, o los sucesivos boicots a las olimpiadas de Los Ángeles y Moscú por los bloques de uno y otro lado en la Guerra Fría.
Igual que tampoco ha faltado, desde que Aristóteles definiera las formas de gobierno, más de un político (sea en un tirano en una monarquía, un oligarca en una aristocracia o un demagogo en una democracia) que haya aprovechado el oro, la plata y el bronce propiedad del pueblo para hacerse y colgarse una medalla. Y no solo en cuestión de deporte.
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