Opinión | La curiosa impertinente

Televisión inteligente, fiscales y relatos

En la España de hoy hay fiscales que también son la voz de su amo y defienden a los delincuentes o reclaman archivar sus casos

Coincidiendo fortuitamente con la Eurocopa o por el cambio de plataforma a otra más barata, pero de oferta también inabarcable, se ha incorporado al mobiliario de mi hogar una televisión llamada inteligente con medidas similares a la pantalla de la Filmoteca. Y lo recalco, como hace mi hija con tonito («mamá, es inteligente») siempre que me quejo y no por su tamaño sino por su complejidad, porque básicamente se necesita inteligencia privilegiada para que funcione.

Una es primitiva y lo que le gusta es El Hormiguero por la noche y Los misterios de Murdoch o Los asesinatos de Midsomer las sobremesas y tardes que se queda en casa. Así que se pierde entre tanta subpantalla, oferta, configuración y esfuerzo adicional de búsqueda y elección, cuando lo único que quiere es encender la tele y ver en un instante el telediario de Vicente Vallés y ya.

A veces también veo el western de La 2. Ayer ponían La Ley del juez Thorne, film de 1955 dirigido por Jacques Tourneur, alejado esta vez de mujeres panteras y hombres leopardos.

La película es gloriosamente corta en estos tiempos de rollos siderales, y además muy divertida. De color chirriante, la historia del juez justo que se enfrenta al cacique poderosísimo al que todos y sobre todo el fiscal, salvo el sheriff, bailan el agua, plegándose a sus manejos ilegales y garantizándole impunidad a él y a su familia, me pareció tan actual que cambiando las caras por otras más protagonistas hoy en día y el saloon y ranchos por palacios, juzgados y sedes parlamentarias, podría haberse filmado ayer y aquí.

Así que, cuando en un momento determinado el juez le dice al fiscal:

-Yo creía que los fiscales estaban para ejercer la acusación, y no la defensa- a propósito del imputado, casualmente familiar directo del cacique, valoré la claridad con que la película diferenciaba el bien del mal. En la España de hoy hay fiscales que también son la voz de su amo y defienden a los delincuentes o reclaman archivar sus casos. Pero además se esfuerzan, y a a veces lo consiguen, en ganar el relato.

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