Opinión | Foro romano

La alegría de una tarde de fútbol

Los partidos televisados de la Eurocopa nos están retratando un continente en el que el césped es el espacio más libre que hemos visto en nuestra vida: blancos, negros y descendientes...

Esperemos que la fachosfera permita a la progresía cantar la copla de Manolo Escobar Y viva España, enredarse en la bandera roja, amarilla y roja, después de la victoria española frente a Alemania en los cuartos de final de la Eurocopa, y tomarse una copa de alegría por la caída de los impertinentes autores del Brexit -que se reían de la sociedad con aquellos desmanes del indómito flequillo de Boris Johnson en la intimidad secreta de la pandemia del coronavirus- y la victoria de los laboristas, y por rezar para que en Francia no gane el domingo la ultraderecha de Le Pen.

Es que estamos en otro tiempo y volver a ese pasado donde sólo mandaban el dueño del cortijo, el político sin escrúpulos, los bendecidos por una Iglesia ciega, sorda y sin amor, los que censuraban la vida y lo dominaban todo, volver a aquel mundo sería el retorno al infierno que han tenido que vivir muchas personas por pensar y ser de otra manera. Afortunadamente, el Día Internacional del Orgullo Lgtbi (lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersexuales) es la victoria escrita y reflejada en libros y periódicos de una lucha por la libertad que en su día destrozó juventudes con porvenir y épocas adultas que tenían que transitar por escondites sociales. Pero es que también estamos en otro tiempo en el que llamar a la Armada para que impida la entrada de inmigrantes en España sería el comienzo de la construcción de un país donde sólo viviríamos viejos y los colegios estarían vacíos porque en España la natalidad se está convirtiendo en una posibilidad bastante cara. Hasta en el fútbol.

Los partidos televisados de la Eurocopa nos están retratando un continente en el que el césped es el espacio más libre que hemos visto en nuestra vida: blancos, negros y descendientes de aquella América donde España llevó su sabiduría, su arte y algo de maldad han corrido durante noventa minutos detrás de balones en los que cada país europeo se jugaba la clasificación. Un cambio social con respecto al papel que hay que tener con los inmigrantes. El más cotizado en esta Eurocopa ha sido Mbappe, el futbolista francés, que también tiene nacionalidad camerunesa, que lo ha fichado el Real Madrid. Pero quienes han despertado a España de ese mal sueño de no querer a los que vienen de fuera -cuando los españoles hemos caminado por todo el mundo buscándonos las habichuelas-, y de pensar políticamente que hay que llamar a la Armada para que impida la llegada de cayucos a Canarias son Nico Williams y Lamine Yamal, dos jóvenes futbolistas de la selección española, cuyo origen es la inmigración, que han resucitado a los aficionados. Este viernes pasado, el 5 de julio, La 1 de televisión convocó a los españoles -fachas y zurdos- para que abandonaran por unas horas los programas del corazón y encendieran en sus salones el televisor para ver el partido de cuartos de final de la Eurocopa entre España y Alemania.

Todo el país anduvo a oscuras y con calor durante más de dos horas hasta que al final, sin ya estar en el campo Nico ni Lamine, el jugador de la Real Sociedad Mikel Merino dio un cabezazo en forma de gol que se metió en la portería alemana. Y España pasó a semifinales. Lo mismo que en su día pasaron a vivir sin miedos a la Armada Nico Williams, que nació en Pamplona, pero cuyos padres habían llegado a España cruzando el desierto del Sahara, sin comida ni agua y saltaron la valla de Melilla; o Lamine Yamal, que nació en España, pero cuyos padres son de Guinea Ecuatorial y de Marruecos.

Ese mismo viernes 5 de julio Fuente Palmera celebraba el día de la colonia, donde recordarían que la procedencia de la población de esa zona es una fórmula muy parecida a la emigración-inmigración. No hay que olvidar cómo se construye la vida. Ni que España ha pasado a semifinales de la Eurocopa.