Opinión | La curiosa impertinente

Sobrevivir al ridículo

Escribió Pablo Iglesias en un tuit que en política se puede sobrevivir a todo menos al ridículo, y no se refería a los escuálidos resultados de la heredera que le salió rana, ni al «Yolanda Díaz no se va» de la misma, que ahora habla en tercera persona pero da exacta grima. El de Podemos escribió estas sabias palabras a raíz de la primera carta a la ciudadanía del presidente y en aquel momento, aún discrepando de él en todo, confié en poder darle la razón. Mas de momento, ese ridículo sideral y la siguiente misiva no solo no le han restado nada a Sánchez, sino que le han sumado, está claro que a costa de Sumar.

En un ranking de lo irrisorio y grotesco, gana la vicepresidenta y eso le pasa factura, a ella sí, vaya usted a saber por qué, pues ese castigo merecido, ya en el plano nacional como internacional no se reparte de modo justo. Parece que algunos tienen bula para ponerse constantemente en evidencia sin merma de prestigio alguno.

Miren ustedes a Milei, con esos pelos, gritando desaforado «¡viva la libertad carajo!», que nunca un final de frase arruinó tanto la dignidad de la misma. Pues ahí está el hombre, aprobando leyes, asistiendo al G7 y reinando. Observen a Trump, su corbata, su semblante anaranjado que sería lo de menos sin sus palabras destempladas, insultos y patochadas. Ahí sigue y triunfará.

Volviendo a casa, vean a Montero en su escaño-barricada aplaudir con esas manos abiertas que se le van a desguazar, a Tezanos revolviéndose mientras se equivoca ¡otra vez!, o a García Ortiz, un suave de esos de los que hay que guardarse, abusando de autoridad cada vez que la ejerce. Todos ellos sobreviven al ridículo. Es más, parece que este los catapulte. Será porque vivimos tiempos de esperpento, astracanada y vodevil.

*Profesora

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