Opinión | Caligrafía

Revivir

Llevo un tiempo manejando artículos de 1940 sobre un tema bastante oscuro. Los autores, en 1940, estaban preocupados por el mismo asunto que yo hoy. Me eran más o menos desconocidos y últimamente me acompañan y dialogo con ellos como si estuvieran en el despacho de al lado y pudieran entrar para tomarse un café conmigo. Están, para mí, más vivos que la mayoría de la población del planeta, que me ignora e ignoro cordialmente. Pienso contento en lo que quiero decirles (o sea, en lo que quiero escribir yo del tema) como si fuera a contestar a algo dicho ayer. Esta es una inmortalidad en la que creo: tal vez sea yo el primer lector en años, o desde su publicación, de estos artículos, pero las ideas de sus autores sólo necesitaban una gota de atención para florecer. Así vamos, sin saberlo, sobreviviendo a algunos milenios de calamidad. Es una resurrección además ajena a la fama que pudieran tener, porque nos conecta, a través de 80 años, sólo la idea que tuvieron, y el haberla tenido yo otra vez, y no los honores alcanzados.

Se queja uno de ellos del imposible acceso a los libros de consulta adecuados por circunstancias políticas del mundo en general. Europa en los 40. Me gustaría enseñarle lo que puede proveerse en cinco minutos de conexión wifi, ahora que las generosas bibliotecas digitales abundan o los mejores humanistas del país se emplean, por ejemplo en Córdoba (Antonio J. Díaz, Soria, Girón, Cerro y Chacón tirando del carro), en resurrecciones como la de e-Scribano, que a un tiempo digitaliza y lee paleográficamente los protocolos notariales. Nigromantes pero buena gente.

*Abogado

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